Sexualidad Transorgámica es una forma muy diferente de concebir y practicar la sexualidad, que puede traer verdadero reencatamiento, armonía y felicidad a tu relación de pareja. Transorgásmico es un término nuevo que quiere decir "más allá del orgasmo" o "trascendiendo el orgasmo" y como modelo y como práctica se basa en conocimientos de antiguas tradiciones como el Tao, el Tantra y la Alquimia, entre otras, en los descubrimientos actuales de la neurociencia sobre sexualidad y, por sobre todo, en lo que algunos hemos podido practicar y experimentar por nosotros mismos.

lunes, 5 de abril de 2010

Por qué nos beneficiamos del sexo sin orgasmo

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En qué consiste, hablando de modo sencillo, la Sexualidad Transorgásmica, y por qué, siendo que el orgasmo es una experiencia tan legítima y natural, hemos hablado tanto a favor de evitarlo? ¿Acaso no nos estamos yendo hacia una especie de puritanismo o conservadurismo extremo que intenta reprimir los aspectos más intrínsecos de nuestra vida sexual?

Intentemos, pues, contestar de modo simple: una pareja que practica Sexo Transorgásmico es aquella que es capaz de hacer el amor, retirándose sin haber llegado al orgasmo. Y decimos “orgasmo” para referirnos a aquella serie de contracciones involuntarias a nivel de los músculos y órganos de la zona pélvica, que en el caso del hombre llevan a la eyaculación.

Muchos se preguntarán “¿pero es eso posible? ¿con qué objetivo?”. Efectivamente, una pareja puede practicar el sexo transorgásmico de modo habitual, y esto le trae grandes beneficios, puesto que desde la perpectiva transorgásmica, el orgasmo representa una descarga de la energía, una especie de corte que “acaba” con el rico intercambio energético que mantiene una pareja mientras está unida.

A nivel del cuerpo, si bien uno experimenta un gran placer debido al alivio de la tensión, también ocurre que uno queda cansado, exhausto. Porque posterior al orgasmo, viene la etapa llamada “Resolución”, donde toda la atracción, el magnetismo, el deseo y el entusiasmo previo a la descarga, invariablemente se esfuma como si hubiera huido. En esos momentos somos como un volcán apagado: nos preguntamos dónde quedó ese fuego que hace sólo breves momentos con tanto ímpetu ardía en nuestras entrañas.

Algo así es la situación en la que quedamos muchos después de “acabar”. A veces el cansancio nos vence y nos echamos a dormir. Otras, puede que nos paremos y nos vistamos para irnos, con expresión de “deber cumplido”. También habrá veces en que nos sentiremos ansiosos y hasta arrepentidos, lo que nos llevará a discutir, a salir corriendo o a prender un cigarrillo. Y por supuesto muchas veces nos diremos a nosotros mismos que todo está bien, e intentaremos permanecer abrazados el uno al otro como dos náufragos después de la tormenta.

Porque después del orgasmo hay que echar mano al amor, para que éste nos ayude a conservar el vínculo. Si fuésemos animales, después de copular, cada uno seguiría su camino. Así, el amor, y los afectos en general, nos ayudarán a seguir juntos. Y esto no está mal; es justamente lo que la mayoría de las parejas estables hacen. El amor, el compañerismo y los vínculos afectivos en general, ayudan a que la pareja conserve el deseo de permanecer juntos. Es lo que muchos llaman “el amor después del amor”.

Pero esta capacidad de seguir juntos aun después del “alivio de la tensión”, no significa que todo esté perfecto. Porque durante y después del orgasmo ocurren cambios significativos a nivel de la química de nuestro cerebro.

Estos cambios, que hoy están siendo estudiados asiduamente por la neurociencia, nos ponen de manifiesto que existen pautas invisibles que gobiernan nuestro comportamiento sexual. Según las mismas, los mamíferos no somos naturalmente monógamos, por lo cual después del apareamiento (digamos que el orgasmo es la manera en que nuestro cerebro registra el apareamiento, independiente de si usamos métodos anticonceptivos o no) lo natural es que los individuos se tiendan a desincentivar progresivamente de unirse el uno al otro. La naturaleza, con el fin de aumentar la variabilidad genética de los descendientes, nos ha programado para buscar nuevos compañeros sexuales. Es lo que se conoce como “Efecto Coolidge”, que ha sido observado en una gran cantidad de mamíferos; de seguro es la causa principal del alto índice de divorcios e infidelidad. (Robinson, 2009).

Hablamos también de descarga energética para señalar que el orgasmo es auto-evidenciable también como una gran corriente energética que se precipita de modo centrífugo y se experimenta como cierto tipo de “vaciamiento”. La sensación de energía, previa al orgasmo, podría ser descrita poéticamente como estar galopando en el viento o sobre las olas agitadas. La excitación sexual podría ser como similar a un “fuego” ardiente que nos hace hervir y vibrar por dentro. Este fuego, que no es otra cosa que la energía sexual, nos hace sentir llenos, vitales, gozosos, como siendo partícipes de una fuerza superior a nosotros que nos envuelve y compenetra.

Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que este estado paroxístico tiene el poder de transfigurar la realidad. Mientras el placer nos embriaga, nuestros sentidos se agudizan; la gran secreción de endorfinas que invade nuestro cuerpo nos hace sentir felices, gozosos. Todo nos parece como una especie de vértigo y los límites de la conciencia racional fácilmente se desdibujan para dejar paso a un estado de intenso frenesí. Algunos lo viven y lo significan como un momento extático, el cual tiene mucho en común con el trance místico y aquél producido por algunas sustancias.

Este estado exaltado de la conciencia se produce gracias a que nuestro cerebro está liberando grandes dosis de neurotransmisores como la dopamina, la cual, tal como si fuera una droga, actúa haciéndonos sentir excitados y encumbrados.

Lamentablemente, el orgasmo representa el límite natural y fisiológico para toda esta poderosa experiencia. Durante breves segundos experimentamos la explosión y la descarga de la tensión acumulada y concentrada en nuestra zona pélvica. Conforme la energía se disipa, el estado exaltado y frenético invariablemente desaparece. Lo que queda son dos seres humanos exhaustos que, como combatientes después de la batalla, observan a su alrededor el campo devastado. El fragor de la lucha ha desaparecido y el cansancio y la fatiga no tardarán en hacerse presentes. El célebre dicho clásico, atribuido a veces a Ovidio, y otras a Aristóteles, nos lo señala con claridad: Post coitum omne animal triste (después del coito, todos los animales quedan tristes")

Durante el orgasmo tenemos una fuerte descarga de dopamina, la cual, a continuación, sufre una notable disminución por debajo del nivel basal (ver imagen, fuente: Robinson, 2009). Experimentos en mamíferos señalan que esta baja puede extenderse, incluso, por un período de hasta dos semanas Por esta razón es que la realidad, después del orgasmo, nos parece más “la dura realidad”, percepción que llega incluso a afectar la imagen que tenemos de nosotros mismos y de nuestra propia pareja (Robinson, 2009).

Con el tiempo, una pareja que alguna vez estuvo locamente enamorada, pronto devendrá en una pareja que se quiere y que se tiene un lindo afecto, para finalmente desembocar en una pareja que apenas se tolera. El deseo y el interés mutuo por mantener relaciones sexuales irán disminuyendo con el tiempo (según el Efecto Coolidge) hasta que la relación se transformará, en el mejor de los casos, en un buen compañerismo. En el peor, tendremos a la tradicional esposa “bruja” y al esposo “ogro” que ha cambiado la cama por el televisor.

Es esencial recalcar que con esta descripción intentamos retratar sólo una tendencia, reflejada bastante en las impresionantes cifras de divorcios y separaciones en nuestras sociedades “libres”. Debemos decir, siendo fieles a la verdad, que no todas las parejas fracasan, puesto que hay muchas que encuentran fórmulas que les permiten manejar sustentablemente los inconvenientes del orgasmo. Por ejemplo, John Gray (1992), en su best seller Los Hombres son de Marte y Las Mujeres son de Venus, nos señala cómo una mujer debe comprender al hombre que, después de la “intimidad”, necesitará replegarse rápidamente a “su cueva” solitaria. Esa “cueva” puede ser el trabajo, los amigos, o quizás una adicción cualquiera. Otras parejas logran estar juntas gracias a lo que ellas llaman “valores” o “principios” (mucho de esto puede estar dado por la religión o la familia). También si ambos miembros tienen mucho en común, como actividades, intereses, gustos, búsqueda espiritual, etc., o si han logrado construir significados y valores propios gracias a vículos de afecto y cariño, resultará mucho más probable que permanezcan juntas durante años. En muchos de estos casos tendremos que lo sexual pasará a ser un asunto secundario.

Que el orgasmo produzca satisfacción y felicidad, es con seguridad el mito más grande de nuestra sexualidad. Para quienes se vean interesados en conocer a fondo un extenso trabajo sobre los inconvenientes del orgasmo, los animamos a leer “Peace Between the Sheets. Healing with Sexual Relationships” y “Cupid’s Poisoned Arrow”, los dos libros de Marnia Robinson, escritora Norteamericana quien recopila una serie de evidencias científicas muy actuales, experiencias personales, y enseñanzas basadas en la sabiduría de tradiciones como el Tantra o el Tao, donde queda claro que el orgasmo es una práctica y una experiencia que conlleva un “doble filo”. La autora al mismo tiempo nos muestra la alternativa, exponiéndonos un método y una práctica sencilla, el cual beneficiará enormemente a las parejas e individuos que deseen llevarlos a cabo. Lamentablemente para los lectores hispanoparlantes, esa literatura sólo se halla disponible en inglés; quienes quieran, asimismo pueden visitar el sitio web (también en inglés): http://www.reuniting.info/. con muchísima información útil y fidedigna.

Decíamos que el orgasmo es el mito más grande de nuestra sexualidad. Sin embargo, no podemos ser condenatorios y decir que esto es intrínsecamente malo. La verdad es que el orgasmo, después de todo, es simplemente lo que tenemos. Como dicen los jóvenes: “es lo que hay”. E indudablemente es mejor que otras soluciones, como la abstinencia y el celibato. Estos últimos han sido fallidos intentos por evitar las consecuencias desagradables del orgasmo, donde diversas personas han decidido “cortar por lo sano”, alejándose de todo contacto sexual. Sacerdotes, monjes, yogis, maestros espirituales, y hasta intelectuales y deportistas, han optado muchas veces por evitar la tentación y se han privado voluntariamente de cualquier estímulo relativo al sexo. Lamentablemente a largo plazo, experimentarán con fuerza los síntomas de haber reprimido una función tan natural. Las neurosis producidas por esta clase de represión están ampliamente documentadas.

El sexo con orgasmo es, a menudo, una válvula de escape frente a una sociedad que constantemente nos reprime y neurotiza, sin embargo, eso está lejos de ser necesariamente sinónimo de satisfacción y felicidad verdaderas. La frustración muchas veces terminará manifestándose de una manera encubierta. Muchas riñas, frialdad, hipersensibilidad emocional, etc. pueden estar siendo desencadenadas por la dinámica invisible de nuestra química cerebral (Robinson, 2009).

Hoy más que nunca necesitamos encontrar un medio mejor; una fórmula nueva que nos permita a las parejas evitar las consecuencias desagradables del acto sexual, pero sin renunciar éste. Y tampoco –que quede 100% claro- estamos hablando de renunciar al placer. Queremos entusiasmar y animar a las parejas, para que aprendan una nueva manera de hacer el amor, sin que por eso tengan que renunciar al paroxismo y ese estado de conciencia exaltada que describíamos antes.

La sexualidad transorgásmica es eso. No significa simplemente “evitar el orgasmo”, ya que si así fuera, las personas frígidas e impotentes estarían más capacitadas. La condición de evitar el orgasmo es necesaria pero no suficiente para acceder al éxtasis transorgásmico. También se requiere que ambos miembros de la pareja puedan permanecer unidos sexualmente durante un tiempo más o menos largo antes de decidir desconectarse (del acto sexual). Durante ese lapso, ambos deben estimularse mutuamente en todas sus zonas erógenas a fin de hacer circular la energía a través del cuerpo; así la experiencia no será sólo genital, sino que abarcará la totalidad del organismo. Besos, caricias, movimientos lentos y profundos, junto con una respiración acompasada y honda, son factores que contribuyen a hacer del acto sexual un verdadero intercambio de sentimientos y energías sutiles. Los taoístas como Mantak Chia se refieren a esta intensa experiencia como el "Orgasmo Valle"; nosotros lo llamaremos "Éxtasis Transorgásmico".

Algunas personas pueden ver en esta práctica algún tipo de experiencia mística al estilo del “Sexo Sagrado”. Esto está en perfecta concordancia con la naturaleza de la experiencia transorgásmica y, por ende, quien quiera vivirlo así, siéntase por completo libre para hacerlo. Tanto en el Tantra como en el Taoísmo, así como en otras tradiciones de índole espiritual, existe mucha literatura y prácticas específicas que el interesado puede investigar. Pero en general, queremos decir que todo resulta lícito mientras se sepa respetar la principal restricción: no debe llegarse al punto donde se produce la descarga de la energía (orgasmo). El control de la respiración y del movimiento, ayudarán a evitar que esto se produzca. Indudablemente que la práctica no deberá prestarse para excesos, como orgías o sesiones sadomasoquistas, ni para la pedofilia, o el abuso sexual de ningún tipo.

En general, podemos decir que en la Sexulaidad Transorgámica existen dos tipos de beneficio bien demarcados:

1) Beneficio individual, el cual tiene que ver con lo bien que uno se siente al no descargar la energía a través del orgasmo. Durante la práctica el cuerpo se energiza y se relaja a la vez. Cuando se hace bien, alcanzamos un muy alto nivel de placer y satisfacción. Este beneficio lo podría conseguir alguien que practica solo, incluso con parejas ocasionales. Las personas tienden a gozar de mayor, salud, vitalidad, inspiración, creatividad, equilibrio emocional y paz espiritual, entre otros.

2) Beneficio relacional, el cual tiene que ver con la conexión y el intercambio emocional y energético con nuestra propia pareja. La ausencia de orgasmo evita que se active el mecanismo neuroquímico de la separación, ya explicado en otros artículos. Para lograr este beneficio, se requiere siempre una pareja estable y es el más completo, puesto que engloba al primero. Además, según nuestra opinión, éste es el beneficio por el cual la práctica cobra mayor sentido, ya que podemos empezar a verla como un "Camino de Pareja". En él, cada miembro va descubriendo la transformación que la práctica empieza a producir sobre ellos. Es en el amor de pareja donde podemos alcanzar mayores niveles de felicidad y realización.

Respecto a la posibilidad de existir embarazo, señalamos que la ausencia de eyaculación hará de esa probabilidad algo más o menos remoto. Sin embargo, una pareja sí puede llegar a concebir un hijo. Si creemos en la Ley del Deseo y la Atracción, esta puede ser la oportunidad de ponerla en práctica para “atraer” un hijo. Quienes no tengan esta creencia o no deseen esperar, pueden plantearse la posibilidad de elegir cuándo es el mejor momento para que la mujer quede en cinta. Teniendo sexo con eyaculación en el período fértil de la mujer, es posible lograr concebir un hijo, en ocasiones incluso al primer intento; después la pareja podrá volver, si lo desea, a la práctica transorgásmica.

Para concluir, señalamos enfáticamente, que cada pareja es libre de experimentar y sacar sus propias conclusiones. Mucha gente hace de la Sexualidad Transorgásmica un camino de vida mientras otra se contenta con la práctica ocasional. Estamos totalmente en contra de hacer prescripciones doctrinarias que puedan minar dicho libre albedrío. Y respondiendo a la pregunta del comienzo: ni el relajo sexual, ni el puritanismo, son opciones que nos interesen. No obstante ambas tienen algo positivo que enseñarnos: del liberalismo sexual rescatamos el valor que dan al placer y al gozo sexual como legítimo derecho, mientras del puritanismo valoramos su interés en hacer del sexo y de las relaciones de pareja una dimensión al servicio de lo espiritual y trascendente. La Sexualidad Transorgásmica se desarrolla en un terreno muy distante de esas polaridades. Como Ulises, nos interesa un camino sabio e intermedio: disfrutar del canto de las Sirenas, mas sin caer en su trampa mortal.

REFERENCIAS:

Gray, J. (1992) Los Hombres son de Marte y las Mujeres son de Venus. Harper Collins Eds.

Robinson, M. (2003) Peace Between the Sheets. Healing with Sexual Relationships. Berkeley: Frog Ltd.
Robinson, M. (2009) Cupid's Poisoned Arrow. North Atlantic Eds.

1 comentario:

  1. Fascinante, ya vi los videos de Marnia Robinson, y sus descripciones están muy apegadas a lo que sucede en la realidad... Definitivamente, y por experiencia creo en la Sexualidad Transorgásmica... pero que difícil para los Latinos esta práctica... en hora buena para quienes están activos en esta frecuencia!! Saludos! Madya Ayala

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