
Investigaciones recientes hechas sobre mamíferos han mostrado que el orgasmo trae consigo una serie de cambios drásticos a nivel de la neuroquímica del cerebro, las que nos afectan profundamente. Por ejemplo, la dopamina, que es el neurotransmisor que nos estimula y nos hace sentir entusiasmados y enamorados, es descargada con fuerza durante el orgasmo (Ver imagen).

Los cambios descritos no son un capricho de la biología. Más bien se trata de un diseño común a todas las especies de mamíferos en su conducta de apareamiento. El orgasmo es un refuerzo biológico que proporciona su dosis de dopamina al cerebro para que el individuo siga apareándose una y otra vez. Esto no sería problema si no ocurriera que sucesivamente, cuando el macho vuelva a la carga, se apareará cada vez con menos frecuencia con la misma hembra. La observación y los experimentos científicos señalan que llegará el momento en que el macho perderá todo el interés por la hembra.
Sin embargo, si frente a él ponemos otra hembra de la misma especie, el macho correrá a aparearse con ésta con igual entusiasmo que al comienzo. Este fenómeno es conocido como el efecto Coolidge, y se ha observado en muchísimas especies de mamíferos. El mecanismo permite a la naturaleza asegurar que un macho se cruce con muchas hembras en un mismo período, para así asegurar la variabilidad genética de sus hijos. Esto a su vez incrementará las posibilidades de supervivencia de la prole, para así perpetuar los genes.
¿Si esto ocurre con la gran mayoría de las especies de mamíferos, a nadie se le ha ocurrido pensar que los humanos, siendo también mamíferos, estamos sometidos a una dinámica similar? ¿Cuántas parejas enamoradas van perdiendo paulatinamente el interés por tener relaciones entre sí? ¿Cuántos hombres y mujeres, después del sexo, se sienten ajenos, separados, desconectados el uno del otro?
Todas estas preguntas nos llevan a considerar el alto índice de infidelidades y de matrimonios que fracasan, el porqué de la necesidad de que existan prostitutas, o la insatisfacción y el aburrimiento en que caen muchas parejas que han convivido mucho tiempo.
Todas estas preguntas nos llevan a considerar el alto índice de infidelidades y de matrimonios que fracasan, el porqué de la necesidad de que existan prostitutas, o la insatisfacción y el aburrimiento en que caen muchas parejas que han convivido mucho tiempo.

Nosotros hablamos de una manera diferente de plantear las relaciones sexuales, la cual hemos llamado sexualidad transorgásmica, siendo más que nada una invitación a la práctica. A través de ésta nos liberamos de la mecánica y del condicionamiento impuesto por la naturaleza. Sin embargo, jamás renunciamos al verdadero placer sexual, sino que lo incrementamos. Porque para disfrutar de un buen vino no es necesario emborracharse. Del mismo modo, disfrutar del sexo no implica tener que llegar al orgasmo; al contrario este último nos priva de alcanzar la verdadera experiencia. Pensemos que con el orgasmo la intensidad sexual se concentra en los genitales y se desvanece abruptamente una vez acabado el acto; en la experiencia transorgásmica, esta intensidad se experimenta por el cuerpo entero y la sensación de éxtasis se conserva, haciéndonos sentir, al acabar, más atraidos y conectados emocionalmente con nuestra pareja. Después del acto sexual, nos sentimos revitalizados, satisfechos, tranquilos y enamorados, sin que exista un corte entre el antes y el después de la práctica. Si no estamos pensando en tener hijos, no es necesario eyacular, ¿Para qué desgastarnos? ¿Para qué caer en la sucesión de "altos" y "bajos" a la que nos expone la dopamina?
¿Cómo aprender esta "nueva" aproximación al sexo? El primer paso es cuestionar nuestras creencias. Investigando un poco más, nos daremos cuanta de que la aproximación no es nueva: ya fue enseñada por los Tántricos en la India y por los Taoístas en China. También hubo pioneros en Occidente, a través de escuelas espirituales, comunidades, hermanadades, etc. que practicaron de manera secreta por temor a las represalias de la Iglesia o los gobiernos. Esto que hoy planteamos a través de este escrito es sólo la "punta del iceberg" de un gran conocimiento práctico que ha existido siempre pero al cual muchos estamos accediendo por primera vez. El término "Sexualidad Transorgásmica" es nuevo, pero lo hemos creado porque no existía una palabra que pudiera englobar la esencia de esta práctica y visión. Muchas veces se piensa que es un saber "raro" o "excéntrico", que hay que ponerse túnica o recitar mantrams, o que hay que adoptar creencias extrañas. Transorgásmico nos parece una buena palabra, porque hace alusión directa a lo que ocurre en la sexualidad: es un ir "más allá" o un "trascender" la rutina sexual común (el orgasmo) para acceder a un tipo de experiencia más satisfactoria, completa y sanadora. De todas formas existe el placer y un tipo de climax, pero no tiene nada que ver con la descarga de la energía sexual, ni con una explosión ni un vaciamiento, como ocurre con el orgasmo.

La explicación más detallada sobre la práctica la haremos en un próximo artículo. Por ahora, la invitación es a practicar. La mejor manera de alcanzar la experiencia transorgásmica es ir aproximándose a ésta a través de la experimentación, ya que nadie conoce mejor su cuerpo que uno mismo. Importante es no desanimarse, pese a que al principio puede que las cosas no fluyan como uno quiere. Es difícil descondicionar a nuestro cuerpo. La capacidad transorgásmica sólo se desarrolla con la práctica paciente, mientras los frutos valen realmente la pena.
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