Sexualidad Transorgámica es una forma muy diferente de concebir y practicar la sexualidad, que puede traer verdadero reencatamiento, armonía y felicidad a tu relación de pareja. Transorgásmico es un término nuevo que quiere decir "más allá del orgasmo" o "trascendiendo el orgasmo" y como modelo y como práctica se basa en conocimientos de antiguas tradiciones como el Tao, el Tantra y la Alquimia, entre otras, en los descubrimientos actuales de la neurociencia sobre sexualidad y, por sobre todo, en lo que algunos hemos podido practicar y experimentar por nosotros mismos.

martes, 27 de abril de 2010

La Experiencia transorgásmica de John H. Noyes y la Comunidad Oneida en el siglo XIX

Artículo extraído de la Web de los Onironautas (desde http://www.onironautas.org/sexualidad_transcendental_tantrismo_alquimia_sexual.html), el cual muestra cómo el enfoque transorgásmico de la sexualidad no han sido patrimonio exclusivo de Oriente. Acá incluso se trata de alguien que encontró la práctica de modo espontáneo y casi accidental, pudiendo vivenciar sus inmensos beneficios. Lo curioso es que esto ocurrió en los EE.UU, en pleno siglo XIX victoriano. El siglo XX, con toda su así llamada "liberación sexual" no registra, sin embargo, desarrollos ni experiencias tan importantes que hayan delineado de forma tan clara el enfoque transorgásmico en el mundo occidental, no esotérico ni religioso.

Recomendamos la página de los Onironautas (http://www.onironautas.org/), no sólo por sus excelentes artículos sobre la sexualidad trascendental, sino también por aquellos en torno al tema de los sueños.
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RECUPERACIÓN DE LAS ENERGÍAS VITALES EN EL MATRIMONIO

Renovación de la juventud en el matrimonio por medio de una nueva técnica y el método natural de regular la natalidad. - Por el Dr. Walter Siegsmeister -
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Al principio ha de parecer extraña la idea de que las relaciones matrimoniales puedan convertirse en un medio eficaz para la renovación de la juventud. Pero si estas relaciones se practican de acuerdo con cierta técnica y se llenan a carta cabal todos los requisitos, se comprobará que tal idea no ha sido traída de tan lejos. Una prueba experimental del método, verificada en condiciones que más adelante anotamos, llevará a una renovación de la vitalidad juvenil, retardará considerablemente el proceso de envejecimiento, quizá haciéndolo retroceder, y convertirá al matrimonio en una perpetua luna de miel, no afectada por el transcurso de los años.

Aquellos cuyos fuegos amorosos han descendido a la más ínfima expresión (por una desacertada técnica anterior), hallarán la manera de provocar la llama y encenderla hasta alcanzar la primitiva fogosidad. Y volverán a ser los enamorados de antes, llenos de optimismo, de experiencias y de amor a la vida.

UN CIENTÍFICO, UN EXPERIMENTO, UNOS RESULTADOS.

John Humphrey Noyes redescubrió, hace más de un siglo, tal método, lo puso a prueba y realizó así una de las experiencias más significativas de la humanidad en asuntos eugenésicos de los tiempos modernos. Noyes reunió a sus partidarios en una comunidad que se estableció en Oneida, en el estado de Nueva York. Allá más de 250 de sus discípulos practicaron su nuevo método de control de nacimientos por más de 30 años, con cuidadosas anotaciones sobre sus efectos para la salud, su vitalización, el tipo de niños nacidos, etc. Los resultados de la experiencia fueron altamente satisfactorios. Desde el punto de vista de su eficacia como medida de control de nacimientos resultó superior a todos los otros hasta la fecha propuestos, pues en este grupo citado, que no practicó ningún sistema anticoncepcional, ni tuvo en cuenta ningún período, no se presentaron concepciones accidentales durante los 30 años y el número predeterminado de niños consciente y científicamente procreados subieron al número de 60 en tres décadas.

Abortos no se presentaron y niños defectuosos en cualquier sentido, no hubo. Por el contrario, física y mentalmente fueron muy superiores a sus padres y varios de inteligencia extraordinaria, verdaderamente genial. Estudios médicos comprobaron que, a la inversa de la anticoncepción que puede producir serias perturbaciones, este sistema da como resultado una alta vitalidad, una fuerza de resistencia increíble, una lucidez mental fuera de lo común y procreaciones a voluntad; hijos engendrados con conciencia y amor.

La mayoría de la humanidad es concebida por placer; esto es, los padres no piensan en esos momentos más que en satisfacer sus necesidades fisiológicas. El ser que puede resultar como consecuencia de esos momentos los tiene sin cuidado. Un escritor colombiano fue duramente criticado porque escribió: "Mi padre me engendró por placer y mi madre me tuvo por necesidad". Y, verdaderamente, este escritor hablaba con conocimiento. El Dr.Theodor R. Noyes, M.D., hijo del fundador de la comunidad publicó en el New York State Medical Gazette un reportaje sobre los efectos de las prácticas sexuales de sus miembros en su salud. Demostró que no existió perturbación nerviosa, ni enfermedad de la que pudiera ser acusado el régimen seguido por la comunidad.
También un ginecólogo de Syracuse, el Dr. Van der Warker, hizo un estudio de los efectos de estas prácticas en los órganos sexuales de las mujeres de la comunidad, sin encontrar ninguna condición enfermiza que pudiera atribuirse a las prácticas sexuales, y examinó a todas las mujeres de la comunidad.El Dr. Van der Warker en un artículo titulado: "Un estudio ginecológico de la Comunidad Oneida" publicado en el American Journal of Obstetrics and Ginecology, demostró la eficacia del método de control de nacimientos practicado por esta gente.Muy contrario a los métodos anticonceptivos que crean condiciones patológicas de los órganos femeninos, las prácticas sexuales de la Comunidad Oneida no tienen tales efectos y el método de control de nacimientos es absolutamente seguro. La mortalidad materna es desconocida, lo mismo que las molestias del parto y, de acuerdo con las informaciones de la comunidad: "Los sufrimientos especiales de las mujeres al dar a luz desaparecieron casi por completo". Después de una visita a la comunidad un médico dijo: "Había yo estudiado los efectos de los padecimientos uterinos en el aspecto físico, de tal manera que me bastaba ver el semblante de la paciente para determinar el estado patológico inmediatamente. Y me alegré sobremanera al no encontrar ninguna de estas señales en las mujeres de la Oneida" . Según Havelock Ellis, en sus "Estudios de la Psicología del Sexo", John Humphrey Noyes fue uno de los más grandes reformadores en eugenesia en los tiempos modernos y su Comunidad Oneida es el experimento de mayor transcendencia en los registros eugenésicos.

Dice el Dr. Robert D. Dickinson, la notable autoridad en control de la natalidad: "La experiencia de la Comunidad Oneida es el único experimento en control de natalidad deliberada y conscientemente organizado, llevado a cabo con un grupo de gente inteligente, conocedora de la misión que le corresponde al hombre, cual es cumplir sabiamente el imperativo categórico de la especie. Además, los exámenes mensuales de los médicos comprobaron los maravillosos resultados en la salud". En el libro "Historia de la anticoncepción", el profesor Norman E. Himes expresa: "El sistema de la Comunidad Oneida es el experimento eugenésico de la mayor transcendencia que se ha verificado en todos los siglos".

¿QUÉ DESCUBRIÓ NOYES Y CÓMO LO HIZO?

Ocurrió de la siguiente manera: Noyes contrajo matrimonio en el año 1838 y vivió en la rutina matrimonial acostumbrada hasta 1844. Fue durante este período cuando, por una experiencia demasiado dolorosa, hubo de dedicarse al estudio de las cuestiones sexuales; estudio que le condujo al descubrimiento del método que tanto bien puede hacer a la humanidad. En el transcurso de los primeros 6 años su esposa pasó por las agonías de 5 partos, de los cuales 4 fueron prematuros; sólo un niño vivió. Noyes investigó por todos los medios a su alcance la posibilidad de evitar la concepción. Considerando los métodos conocidos en la época inseguros y/o nocivos para la salud, decidió no usarlos. Después de la última desgracia él empeñó su palabra a su esposa de que jamás volvería a exponerla a dolores infructuosos. Resolvió vivir separado de ella antes que faltar a su compromiso.

Tal era la situación en 1844. Entonces empezó a llegarle la idea de que es posible gozar de la asociación sexual sin exponer a la mujer a los peligros de la fecundación. Meditaba sobre la manera de experimentar el placer sin la descarga seminal. Entonces concibió la idea de que los órganos sexuales tienen dos funciones: una procreativa que comprende el orgasmo y por tanto la eyaculación y la otra de caracter afectivo meramente, la cual no requiere la conclusión del acto procreativo. Pero, pensaba él, debería ser posible separar estas dos funciones y reservar cada una de ellas para su momento oportuno. Experimentó con esta idea y encontró que no era tan difícil el control de sí mismo (que era lo indispensable) y que el placer aumentaba. También pudo comprobar que las experiencias de su esposa eran muy satisfactorias, tanto como nunca anteriormente y, más que todo, evitó la fecundación involuntaria. Este nuevo descubrimiento -según él- fue la "Gran Liberación".Comunicó sus experiencias a un amigo y él también comprobó igual satisfacción. Durante dos años se dedicó a experimentar y a estudiar los detalles esenciales y los aspectos del nuevo descubrimiento. Por fin lo anunció al mundo en un folleto titulado: "Continencia Masculina o el Dominio de Sí Mismo en el Coito" .


Las ideas esenciales que Noyes presentó en su folleto fueron las siguientes: Hay dos métodos de unión sexual. El primero es el acto animal de la copulación que conduce a la fecundación. El segundo es de carácter netamente afectivo, inhibe la eyaculación y preserva naturalmente del embarazo. Hay un gravísimo error en confundir estos métodos. El primero debe reservarse para su misión natural, para sus fines legítimos: la concepción. Cuando no se desea la concepción no se debe realizar el acto particular destinado a efectuarla. Sin embargo, puede verificarse un unión sexual que produce un alegre intercambio de magnetismo, que puede sostenerse sin llegar al orgasmo. El arte de inhibir el orgasmo puede adquirirlo y cultivarlo todos los que realmente lo deseen. El medio seguro consiste en no seguir con el ímpetu de la excitación inicial. Si se logra dominar el impulso nervioso, evitando el excesivo aflujo de sangre a los órganos sexuales, no se secretará el fluido seminal.

La expulsión del semen por el hombre, en lugar de ser necesario para el goce carnal, obra en sentido opuesto, por su efecto de acabar inmediatamente con la vitalidad y el impulso generador, llevando a un fin prematuro las relaciones. Inhibiendo el flujo seminal se alcanza un grado de placer más intenso, prolongado cuanto se desee y en condiciones de volver a empezar cuando se quiera. Después de haberse acostumbrado a la práctica de evitar el orgasmo es tan sencillo realizar la unión como lo es la que lleva a la concepción. Las críticas a este método vinieron de quienes lo intentaron y, por falta de voluntad, fracasaron. Se repite que sólo es posible realizar la práctica mientras la excitación no sea demasiado violenta y obrando con lentitud no se llega a este fin. A los pocos minutos de haber comenzado en la forma indicada empezará a sentirse una grata y profunda sensación, que envuelve a los seres en un suave espasmo.

VENTAJAS DEL MÉTODO:
PRIMERO: Es natural. El infructuoso desgaste del semen cuando no se pretende la concepción, seguramente no es natural. Ningún animal malgasta su fluido seminal como el hombre. Todos los animales sanos y que viven directamente en su medio natural no padecen emisiones involuntarias o voluntarias fuera del tiempo del celo. Sobra advertir que los animales domésticos son una excepción a esta regla porque sus funciones sexuales se han pervertido a causa de la alimentación antinatural, tantas veces excesiva, además del encierro y la inactividad. Lo mismo es el caso con el así llamado hombre civilizado, quien padece de un erotismo exagerado y que cree encontrar la salvación dando libre rienda a todos sus impulsos.
La acostumbrada descarga seminal, como ocurre en el coito ordinario, no puede considerarse como natural porque, en el solo deseo de la gratificación de los sentidos, se pierde una cantidad bastante apreciable de energía vital (también de valiosos constituyentes de la sangre tales como la lecitina, colesterina, fosfatos, tan importantes para las glándulas, los tejidos nerviosos, las células cerebrales y el equilibrio de las endocrinas).Como sabemos, nuestro instinto demanda con frecuencia la unión de los sexos, no precisamente con fines propagativos, sino por razones afectivas y espirituales. De estas indicaciones resulta que: la sencilla unión sexual, sin crisis propagativa, está conforme con la naturaleza en beneficio de los ordinarios instintos amatorios. Con un poco de voluntad es posible a cualquier hombre de regular cultura evitar el orgasmo y gozar del éxtasis ininterrumpido del intercambio magnético sexual. La idea de que la unión sin orgasmo sea en extremo difícil o reñida con los planes naturales ha sido contradicha por el sinnúmero de individuos que con tan magníficos resultados lo han realizado.

SEGUNDO: Este método es sano. En primer lugar libra a las mujeres de la procreación involuntaria y, además, acaba con el desgaste de energía de parte del hombre. Esto no puede decirse de ningún otro método de control de nacimientos, los que reducen su técnica a evitar los efectos propagativos de la emisión del semen y no la emisión misma.

TERCERO: Este método aumenta la felicidad sexual. Muchos dirán, seguramente, que disminuye el placer de la unión; pero se les puede contestar que no tienen más que ponerlo en práctica y se convencerán de los benéficos resultados. El coito ordinario, en el cual se confunden las funciones afectivas y fecundadoras, lleva a un pronto y abrupto fin, es asunto momentaneo y termina en cansancio y disgusto. Este cansancio que acompaña al desgaste sexual es la causa de sentimientos de desprecio y malestar y, sin duda alguna, por este motivo los órganos sexuales siempre han inspirado vergüenza y, muchas veces, asco y repugnancia.
Así, la historia de Adan y Eva, que perdieron el mundo espiritual y cayeron en el material, simboliza muy bien el cambio del goce puramente afectivo por el sentimiento de repulsión que trae consigo la descarga prematura. "La fruta prohibida" no es más que la pérdida de aquel suave espasmo amoroso que los manteía en un jardín de delicias, y la caída en el plano de la materia y del hastío. Por esta razón tuvieron vergüenza y empezaron a mirar con temor la causa del desengaño, en estas circunstancias: los órganos sexuales.La desgana y el disgusto ocasionan malas miradas al instrumento de placer y también a la persona que lo provoca. En este punto comienza el "enfriamiento " que termina en indiferencia, desengaño, odio y divorcio. Por el contrario, los amantes que usan sus órganos sexuales únicamente como instrumentos de la naturaleza espiritual, esto es, como conductores del magnetismo sexual, y se abstienen del orgasmo cuando no se desea la concepción, gozarán de la suprema felicidad en la vida matrimonial durante cualquier tiempo sin saciedad ni desengaño y harán de su hogar la verdadera mansión del respeto al sexo.

CUARTO: Este método es efectivo como medida de control de la natalidad. La costumbre de hacer de la unión sexual un acto tranquilo, sereno, como una conversación, restringiendo la excitación a los límites necesarios para evitar el orgasmo, se puede adquirir fácilmente y entonces no hay riesgo de concepción involuntaria.

Noyes explicó su teoría, además, como sigue: "El primer impulso que une a los sexos no es el acto propagativo sino la alegre intercomunicación del magnetismo corporal por medio del espasmo amoroso, que en manera alguna tiene que ver con el orgasmo y que se verifica sin que éste ocurra. El mutuo contacto de la piel y la unión de los cuerpos de sexos distintos proporcionan un intercambio de dos clases de magnetismo vital los cuales, en equilibrio, constituyen el perfecto balance de la vitalidad".

Los organismos unicelulares, como el paramecium, al envejecer se renuevan por medio de una unión entre dos, durante la cual hay un mutuo intercambio de sustancias de los cuerpos de cada uno. Un similar proceso de recuperación de la juventud se presenta, en grado más elevado, entre los amantes por el intercambio del magnetismo sexual; magnetismo que conduce a la conservación de la salud y el bienestar general por sus vitalizantes efectos en las glándulas endocrinas, provocándolas a producir mayor cantidad de hormonas que van a parar a la sangre y contribuyen en grado máximo a la vitalización de todos los tejidos del cuerpo y del cerebro"."Como todas y cada una de las partes del cuerpo los órganos sexuales sirven (en mayor grado) para conducir el magnetismo sexual, función que puede verificarse sin que aparezca el orgasmo.

Las dos funciones de los órganos sexuales suelen confundirse aún por los mismos fisiólogos. La función afectiva suele considerarse meramente como anzuelo para la propagación de la especie. El orgasmo es tenido como la culminación natural y necesaria de la unión de los sexos. Pero esta creencia es falsa...; sólamente quienes han probado los beneficios de este método pueden darse cuenta del inmenso mal que tal persuasión ha hecho a la humanidad".Noyes opina que la función afectiva es la primaria y la reproductora la segunda e incidental, pero que esta última llegó a ser soberana por confusión y tergiversación de la primera.Frecuentemente se acepta que los órganos sexuales tienen dos funciones: la de expeler la orina y la de perpetuar la raza. Noyes sostiene que tienen una tercera: la de conducir el magnetismo sexual. Esta tercera función es tan distinta de la segunda como ésta lo es de la primera. El acto germinativo se verifica por la contracción de las vesículas seminales produciendo, efectivamente, la eyaculación. La conjunción sexual por razones afectivas pone en actividad todas las glándulas y deja en reposa a las vesículas seminales; por este motivo el fluido seminal se reserva. El orgasmo, en vez de ser la culminación de la unión sexual es su muerte y su secuela, y lleva a la vejez prematura y a toda la gama de enfermedades, no sólo de carácter sexual sino de todos los órdenes ya que un organismo desvitalizado no puede resistir por mucho tiempo los asedios morbosos.Los seres humanos deben ser capaces de usar sus órganos generadores con un fin más elevado que los animales.

LA PARTE FEMENINA:

Alice Stockham y el método KAREZZA.
El método descubierto por Noyes en 1844, practicado más de 30 años por la comunidad Oneida, fue mejorado y popularizado en las dos primeras décadas del siglo XX por la doctora Alice Stockham, M.D., en su libro "Karezza, ética del matrimonio". En este tratado ella explica la teoría del método Noyes.La palabra Karezza viene del italiano y quiere decir "caricia". La doctora Stockham fue la primera en aplicar la palabra para significar un nuevo método de control de natalidad, de unión sexual, de magnetismo amoroso, sin el final desastroso del orgasmo.

Karezza se distingue del método Noyes en que implica también a la parte femenina porque, como afirma ella, el desgaste femenino es tan perjudicial como el masculino. La doctora Stockham encontró la divulgación correcta de sus ideas en Inglaterra en el libro "Amor está de moda" del notable escritor Edward Carpenter; él describe y comenta a Karezza. A este mismo método se le dio más tarde el nombre científico de "coitus reservatus". Tambié fue altamente recomendado por el eminente Havelock Ellis, quien consiguió muchas de sus informaciones de parte de George Noyes Miller y de otros miembros de la comunidad Oneida con quienes mantenía correspondencia. A la unión sexual con orgasmo sigue de ordinario un estado de debilidad y desilusión. Hay un goce rápido, epiléptico, que pasa por la conciencia sin dejar recuerdo. Se apagaron las luces, se acabó la música... Tantas veces la debilidad es tan seria que produce síntomas patológicos. En las anotaciones médicas se tratan casos de hombres viejos que no pudieron resistir la tensión del orgasmo y murieron como consecuencia de sus agotadores efectos.
En el abrazo con orgasmo se disipa de repente la energía vital y magnética por la descarga seminal, desperdiciándola por completo. Karezza, en cambio, la conserva y la usa para la nutrición interna y para volver el vigor y la juventud a los dos socios. La naturaleza inventó el orgasmo para la procreacion; pero para la unión amorosa es sumamente molesto porque todo su "modus operandi" tiene por objeto apagar y vencer el amor y transformarlo en aversión e indiferencia. Cuanto más frecuentemente ocurre, tanto más rápido muere el amor; el romance se evapora y la mera sexualidad subsiste tomando características morbosas, que reemplazan el encanto de la corte amorosa y la atracción natural de los dos sexos.Pero cuando se practica Karezza no sobreviene el cansancio ni hay sentimiento de debilidad ni de repulsión por el compañero.
Cada uno anhela casi con fervor al otro; siente el vigor correr por sus venas y a su rostro asoman los colores rosados de la juventud. Se siente tan feliz y de tan buen humor como después de una comida completa. El magnetismo vibra y los ojos aparecen luminosos; esto es lo que Lloyd llama " el elixir de larga vida". Después de cada unión, que puede prolongarse horas enteras, los socios se separan lentamente, besándose lánguidamente, adheridos al último hechizo, repasándolo en la memoria y embargados por un sincero afecto que saben núnca se acabará y los mantendrá en una luna de miel sin fin. Sólo Karezza brinda tanta armonía en el matrimonio, profunda comprensión de los gustos de cada uno de los cónyuges...Karezza tiene el don de restablecer la juventud, conservar la salud y hacer placentera la vida del hogar. "El elixir de larga vida" (magnetismo sexual) obliga a las glándulas endocrinas a aumentar su actividad y a derramar todos sus jugos en el gran torrente circulatorio, llevando vigor y juventud a todos los tejidos del organismo.Karezza suministra todos los requisitos para la renovación uniendo al intercambio magnético el suave espasmo de la unión sexual, bajo la única condición de la continencia en ambos cónyuges. Por medio de Karezza se puede conservar la juventud durante toda la vida matrimonial y los envejecidos, con esta práctica, volverán a ser los enamorados de antes.
Pero a pesar de todas las ventajas de este método, el hombre ordinario es demasiado obtuso, demasiado egoista, demasiado aferrado a la tradición para resolverse siquiera a ensayar este sistema. Prefiere que su compañera use dispositivos intra-uterinos, esponjas, duchas, drogas, etc, que crispan los nervios, producen enfermedades y disgustan estéticamente. Las eminencias en ginecología sostienen que todas estas prácticas son causa de no pocas dolencias femeninas y muchas operaciones quirúrgicas. Sólamente la no emisión es segura y placentera; esto lo proporciona Karezza.La mayorí de las mujeres que han ensayado Karezza lo prefieren a todos los sistemas de unión sexual. La mujer necesita de mucho más tiempo para alcanzar el clímax; no así el hombre que llega a un orgasmo prematuro, dejando insatisfecha a la mujer. Esto, tan desagradable, no ocurre en Karezza.
Margaret Sanger, en su obra "La mujer y la raza futura" habla favorablemente de Karezza porque evita las desventajas del celibato yla separación de los sexos y brinda, en cambio, los beneficios del intercambio magnético que produce bienestar física y mentalmente. Ella cita casos en que hombre y mujer conservaron sus fuerzas sexuales hasta edades avanzadísimas y preservaron su luna de miel durante toda la vida matrimonial.

EPÍLOGO

En su libro "Lamaic Initiations", la profesora Alexandra David-Neel describe cierta clase de yoguis tibetanos que siguen un método de adiestramiento para adquirir la capacidad de retener el líquido seminal durante la unión marital. Los tibetanos explican el valor de esta técnica como sigue: en primer lugar la conservación del semen preserva la energía vital; ellos creen que dicha energía radica prioritariamente en el semen. Así lo creyeron igualmente los antiguos filósofos: Pitágoras, Platón, Aristóteles, Epicuro y Galeno entre otros. Segundo, la unión de los sexos bajo condiciones de conservación seminal da ventajas que no proporciona ningún grado de celibato. Esta ventaja extra consiste en el vitalizante efecto sobre los órganos sexuales y las glándulas endógenas producido por el magnetismo del sexo opuesto.De esta manera, la iniciativa yoga busca la manera de estimular las glándulas sexuales a una mayor actividad secretoria y, por lo tanto, a una producción aumentada de hormonas. Esto es la esencia del método de la recuperación de la juventud por medio de las relaciones sexuales. Porque no es sólamente importante conservar las secreciones sexuales, ricas en principios vitales, sino conseguir que produzcan una mayor cantidad, lo que se consigue mediante la estimulación magnética de los sexos.
Así se produce una mayor cantidad de hormonas sexuales y otros elementos vitales que son reabsorvidos en la sangre. Esta es la esencia de nuestro método de renovación de la juventud por medio de las relaciones matrimoniales.

Qué si todo hubiera estado equivocado (El Orgasmo en la Mujer) por Marnia Robinson

Este es otro extracto de Peace Between the Sheets, de Marnia Robinson, donde ella da su opinión sobre el orgasmo femenino.
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Qué si todo hubiera estado equivocado

Trágicamente, muchas mujeres han comprado la idea de que algo malo ocurre con ellas si no logran el orgasmo fácilmente. En vez de tener un problema, podría ser que ellas estuvieran por delante del resto de nosotros. Su energía sexual probablemente se “bota a huelga” hasta que ellas entiendan cómo usarla para profundizar sus relaciones en vez de tirarlas a la basura. Déjenme rápidamente agregar que la frustración sexual no es la solución, salvo en la medida en que el deseo nos ayude a “jalar” hacia la unión. El objetivo es reaprender a usar conjuntamente nuestra energía sexual de manera de eliminar la frustración sexual, sin orgasmo.

Barry Long, maestro de Tantra australiano, insiste que la vagina no se esfuerza naturalmente por lograr el orgasmo. Este hábito le tiene que ser enseñado por una sociedad que está obsesionada por alcanzar el clímax. Cuando aprende a enfocarse en el orgasmo llega a ser cada vez más dura, ávida y depredadora. Se concentra en el orgasmo, no en el amor. Esto causa profunda infelicidad interior. De acuerdo a Long, la promiscuidad es sólo una búsqueda desesperada del amor que las mujeres nos están hallando a través de su persecución del orgasmo (Long, 1996). Ciertamente, si más orgasmos fueran la solución, la armonía en las relaciones debería haber mostrado una marcada mejoría en los últimos años.
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Mi última relación fue corta. Ella prácticamente me rogó que hiciéramos el amor –pero inmediatamente ella quiso marcharse… como si ella fuera el hombre o algo. Unas pocas semanas después de que ella lentamente se calentara de nuevo, lo hicimos de nuevo, y ella parecía que había pasado un… buen momento de nuevo. Entonces, sólo unos pocos días después, ella me informó que “el orgasmo era una experiencia insignificante” comparado con su práctica espiritual. De hecho, me dijo que tenía miedo de quedar enganchada en el sexo. Recuerdo pensando hacia mí mismo cuán horrible eso podría ser.
Y eso fue el fin de nuestra relación. Ella anunció que yo estaba menos evolucionado espiritualmente que ella y rompió. Cuando leí el material en tu sitio web [www.reuniting.info], traté de decirle que ella estaba teniendo una resaca de separación por el orgasmo. Pero ella no compraba nada de eso, aunque ella en cierto modo lo vio después de que unos pocos meses habían pasado. Yo creo que el orgasmo hace lo opuesto de lo que las mujeres quieren.
-Ken
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No mucho después que Anya y yo enfrentáramos los hechos, tropecé con una pista en blanco y negro que confirmaba lo que nosotras habíamos aprendido en el duro camino. Un maestro de Tantra en India escribía:

[Si una mujer no se relaja en un estado trascendental durante el sexo] ella tendrá el nervioso orgasmo, el cual es de corta vida y va seguido de descontento y agotamiento. Esta es a menudo la cusa de la histeria y la depresión en la mujer (Sarasvati, 1992)

Sin mencionar nada de su pareja. Así, si la armonía en tu relación es un objetivo, nuestra experiencia sugiere que las mujeres no deberían cometer el mismo error que los hombres de creer que la tensión-liberación del orgasmo es de lo que el sexo se trata. Por lo demás, las mujeres deberían estar montando este familiar escenario:

Se suponía que esta relación sería distinta. Estábamos unidos en espíritu. Pero al cabo de seis meses habíamos caído en el abismo de todo lo que era profano entre un hombre y una mujer. Mi salud física y emocional estaba severamente agotada. La depresión era una constante compañía. Nuestra relación estaba fragmentada y dolida. ¿Cómo podía yo haber experimentado la Divina Unidad y ahora sentir tal separación de mi esposo. ¿Cómo podía yo soportar el dolor de no saber cómo cerrar la enorme brecha entre nosotros? ¿Qué había ocurrido durante mi matrimonio que garantizó el comentario de un nuevo amigo de que yo me veía como la mujer más triste que alguna vez él había visto? Antes de mi matrimonio yo era una educadora profesional, vibrantemente viva. Un año en él y me sentí vaciada de todo, salvo de fuerza de vida para sobrevivir. (Christine, 1995)

Si todavía eres escéptico, toma un calendario y sigue la pista por ti mismo –del orgasmo y de los cambios de humor pronunciados durante las siguientes dos o tres semanas. Si eres abierto de mente, puedes ver la conexión de causa y efecto por ti mismo.

Si vives con una pareja, lo más probable es que tu aflicción se proyecte en él. Pide retroalimentación honesta. Observa la separación emocional entre tú… y quienquiera que parezca causarla. Cuando aprendas a prevenir esta potente fuente de desarmonía, encontrarás que todos los otros temas que tú creías que causaban tu discordia, misteriosamente se vuelven más manejables.

Si las mujeres paran de esforzarse por lograr el orgasmo genital, ¿significa que renuncian a todo el placer y regresan a su rol tradicional como receptoras asexuales de la pasión del hombre? Claro que no. Significa que la satisfacción que los amantes han estado buscando se halla en una experiencia mutua en la cual ambos miembros de la pareja paran de usarse el uno al otro para la gratificación física, y hacen de nutrirse el uno al otro el principal foco. Como verás, estro causa un cambio en la química corporal que realza la receptividad sexual y hace todo contacto sorprendentemente agradable.

A propósito, la primera vez que tuve un orgasmo durante el acto sexual sin esforzarme en absoluto fue cuando hice el amor con un hombre que era virgen. Mi atención no estaba en mí mismo. Estaba enfocada enteramente en hacerlo sentir seguro y amado, así que la experiencia debería ser siempre un cálido recuerdo de amorosa intimidad. Desde ese encuentro en adelante he sido muy orgásmica. E incluso aunque ahora evito el orgasmo a causa de la resaca, todavía encuentro que hacer que mi compañero se sienta confortable y adorado con seguridad me entusiasma.

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La gente siempre piensa que es la descarga seminal la que es indeseable, pero realmente es el fuego del sistema nervioso durante la estimulación sexual. Y eso se aplica a ambos, hombre y mujer.
-Georg Feuerstein, Fundador de
Yoga Research and Education Center


REFERENCIAS:

Christine, N. (1995). Temple of Living Earth. Sedona: Earth Song Publications.

Long, B. (1996). Making Love: Sexual Love the Divine Way. Barry Long Books.

Sarasvati, S. (1992). Kundalini Tantra. Bihar: Bihar School of Yoga.

lunes, 26 de abril de 2010

El Llamado

El hecho que planteemos lo excelente que es practicar una sexualidad sin orgasmo puede ser, para muchos, la cosa más inverosímil que hayamos escuchado alguna vez. Sabemos que ir contra la corriente puede llegar a ser tremendamente impopular. Y nada pareciera tener menos sentido que negar la importancia del orgasmo en la sexualidad.

Porque piensa un poco: todas las personas a nuestro alrededor nos dicen explícita, o implícitamente, que el orgasmo es bueno, que es el premio que hay que buscar, que es el fundamento de una vida sexual sana. Los médicos y los psicólogos, los religiosos, los escritores, las personas con sentido común, los buenos ciudadanos de nuestra cultura, todos coinciden en lo mismo sin discusión:“el orgasmo es al sexo como la levadura al pan”. En este consenso tácito, todos parecen estar de acuerdo: religiosos y agnósticos, revolucionarios y conservadores, el hombre de la calle y el intelectual…

Pero tú que has leído estas líneas, ¿qué piensas? Tú que has llegado hasta este blog, guiado de alguna curiosidad o interés de saber más, ¿estarías dispuesto a aceptar sólo una posibilidad, de que todo lo que has aprendido sobre sexo hasta ahora pueda estar equivocado?

Tú que quizás estás enamorado, y que quieres a tu pareja con verdadero y sincero amor, ¿no te gustaría preservar este amor para siempre y recorrer junto a tu amado un camino de autodescubrimiento, de conocer los misterios del "sexo mágico", más allá de la rutina de lo mundano?

Tú que has sentido cómo la magia te toca cada vez que sientes algo por alguien..., ¿no quisieras hacer de esta magia un don permanente?

Porque el enfoque que estamos proponiendo es un camino práctico, algo que indudablemente te trae beneficios individuales, pero que adquiere su sentido mayor en el Amor de una pareja.

Tú y él/ella llegan a sentir cómo con la práctica la armonía aumenta. La pareja se “magnetiza” mutuamente. [En el orgasmo ordinario, el magnetismo se pierde después del orgasmo, debiendo recomenzar de cero cada vez, y después de un tiempo la relación se “gasta”; en la relación transorgásmica, por el contrario, ese magnetismo se acumula y se convierte en satisfacción, felicidad, armonía.]

El amor mayor, todos esos sentimientos de reencontrar el paraíso perdido no se diluyen con la rutina, sino que pueden incrementarse. Es por esto que el sexo sin orgasmo es llamado “sexo sagrado”, un camino de iluminación.

Cada vez que te enamoras, tu cuerpo y tu alma se estremecen y te revelan el “lado mágico” del mundo. Y ése es el momento en que “tocas a Dios”. Incluso no siendo religioso, esta maravillosa experiencia está al alcance de cualquier ser humano común. Todos la hemos vivido. ¿Pero te has preguntado por qué, si todos lo vivimos, esto no nos conduce a un desarrollo espiritual mayor? ¿Por qué todos esos enamorados no alcanzan finalmente nada parecido a una iluminación? Por qué hombres y mujeres sienten que la vida en pareja se torna monótona, rutinaria, y empiezan a aflorar los defectos, las críticas, el deseo de correr, o la opresión y el miedo ante el compromiso y la intimidad?

Por qué no fluye como antes. Será que, como dice Pablo Milanés, "Los años pasan/ nos estamos poniendo viejos/Yo el amor no lo reflejo/como ayer......En cada conversación/Cada beso, cada abrazo/Se impone siempre un pedazo/De razón”.

El sexo transorgásmico no sólo es hacer el amor sin orgasmo, es acceder a nuestra conexión más profunda, el rito sagrado del amor vivido entre dos.
Estamos deteniendo el tiempo, alcanzando sin querer un tipo de meditación.
Es poesía, donde el milagro más grande quizás no sea lo que pasa sólo durante el acto sexual, sino después, cuando te retiras conservando todas tus energías y habiéndolas transmutado en algo "luminoso", "superior"...

En efecto, después de la relación transorgásmica los órganos genitales quedan tan tranquilos y apaciguados como quedan después del orgasmo ordinario, pero la diferencia es que en el primer caso el cuerpo sí queda lleno y radiante de una energía maravillosa, habiendo una fuerte conexión entre ambos amantes. En el sexo ordinario, en cambio, el cuerpo queda con una sensación de vacío, como si hubiese perdido algo muy importante. Y hay que exigir demasiado, para mi gusto, del amor para que venga a auxiliarnos en medio de la brecha que este sentimiento de vacío nos provoca.

Un gran maestro que alguna vez leí decía que el Amor (uso mayúsculas a propósito) es un niño muy esquivo y que con el orgasmo espantamos a éste de nuestras vidas. La complicidad y compañerismo sanos con el tiempo devienen en adicción, cuando los químicos del cerebro empiezan a actuar a hacernos sentir ansiosos antes y culpables después… El sexo ya no es maravilloso como antaño, sino algo que cae en cierta monotonía y que hay que avivar en base a fantasías, afrodisíacos y terapias.

Mucho se ha hablado sobre el "reencantamiento del mundo": al enamorarnos reencantamos el mundo, pero luego del sexo común, este encantamiento se va esfumando de a poco. La sexualidad que estamos proponiendo, es el sustento del "Reencantamiento". Este no sólo se propduce hacia tu pareja, sino hacia todo el mundo a tu alrededor. Tu cerebro empieza afuncionar de otro modo, tus energías sutiles se armonizan con el universo entero, sin tener que huir a la soledad para lograrlo.

Tú que amas y que tal vez estás teniendo ya algunos problemas con tu pareja, derivado de los cambios de percepción neuroquímicos, todavía estás a tiempo de cambiar las cosas. También si tu vida ha sido un fracaso en el amor, podrás comprender de qué modo las cosas han fallado, y dónde podrás hacer el gran cambio la próxima vez. Pará qué decir que estando solo, también podrás prepararte para cuando halles un alma afín que quiera probar estos manjares sagrados. Y si te gusta meditar, o eres un alma sensible, enamorada, mística o artista, verás cómo este arte te permite incrementar tus dones y tu conexión con el Todo...

Y no tengas miedo de tener que renunciar a lo bueno de la vida, porque el sexo con orgasmo es sólo un gran espejismo en el desierto que te promete un edén y luego se esfuma, dejandote vacío y desconcertado.
La nueva experiencia se llama Amor Transorgásmico, y éste es el llamado que hago, como quien ha practicado durante años, para que abras tus sentidos y tu corazón, para así comprender y poner en práctica por ti mismo, con el más alto Amor...

lunes, 19 de abril de 2010

¿Por qué nos des-enamoramos?

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Este es un extracto del libro Peace Between The Sheets, Healing with Sexual Relationships, de Marnia Robinson, que en este caso hemos traducido. Es bastante extenso, pero muy interesante, pues Marnia nos relata su experiencia y su búsqueda de los que ella llama la "Aproximación No-Orgásmica al Sexo". Corresponde al primer capítulo del libro; este último también pueden hallarlo completo, pero en Inglés, en google.libros, para imprimirlo o leerlo online.

Los dejo con la lectura de Marnia, la que de seguro les resultará amena por su lenguaje sencillo y cercano. Y recuerden visitar su extraordinario sitio web en http://www.reuniting.info/




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POR QUÉ NOS DES-ENAMORAMOS (Por Marnia Robinson)

¿Te has enamorado alguna vez de alguien que a la vez te ha amado? ¡Qué experiencia! Repentinamente el mundo comienza a tener sentido. Con alto voltaje fluyes con inspiradas ideas. La vida toma un brillo prometedor, y las alas y el halo de tu amado son claramente visibles. Aun, si las cosas siguen su curso normal, tú recordarás este breve período de conciencia exaltada como una luna de miel, y lo verás con una suerte de…decepción.

No es decepción. Algo muy real está ocurriendo. Un completo circuito de energía está fluyendo a través de vuestros corazones, y los está energizando, expandiendo vuestra percepción, y mejorando profundamente vuestra química corporal. Cuando la humanidad aprenda a seguir esta espiral de energía ascendente estará en el camino hacia algo más profundo. De acuerdo a diversas tradiciones espirituales alrededor del mundo, este circuito de energía que fluye entre los amantes es nada menos que un camino de iluminación.

Por ahora, sin embargo, la mayoría de nosotros no puede jamás alcanzar este "último piso” del edificio. En vez de eso, llegamos sólo a algún lugar cercano al "piso tres" y rápidamente comenzamos una espiral descendente hacia lo mundano…demasiado a menudo seguida por una caída en picada hasta la base. Esto sucede porque nuestra parte física actúa de acuerdo a un piloto automático biológico, mientras nosotros creemos que se trata de algo de nosotros mismos.

Mi educación sobre las relaciones sanadoras comenzó casi como un accidente. En 1986, mi hermana, preocupada de observar el subeybaja de mi vida amorosa, me pasó un libro titulado algo así como “Casarse con el Hombre de tu Elección”. El libro insistía en que yo necesitaba escribir una descripción detallada de mi compañero ideal. Así lo hice.

En efecto, él apareció al cabo de un año. No sólo eso, un par de meses antes de que Russ y yo nos encontráramos, una psíquica en una fiesta le aseguró a él que me conocería en cierta fecha. Ella le dijo mi edad, mi profesión, el elemento de mi signo astrológico y muchas otros detalles precisos. Nos encontramos en una conferencia en Nueva York dos días antes de la fecha señalada por la psíquica y esto ciertamente lo sentimos como una unión del destino. No obstante, poco después de que el sexo convencional entrara en escena, la relación colapsó. Y cada vez que lo volvíamos a intentar, nuevamente colapsaba.

Era espantoso observar que una relación con alguien con quien me había sentido tan profundamente predestinada y conectada, se desmoronaba a pesar de los esfuerzos por salvarla. Me volví hacia mi guía interior demandando una explicación, y esa misma semana di con mi primer libro sobre sexualidad Taoísta. Este libro explicaba que había otra clase de éxtasis posible entre amantes, y en el instante en que leí las descripciones, supe que era los que siempre había estado buscando en mis relaciones:

“El orgasmo valle [distinto del convencional orgasmo “pico”] ocurre espontáneamente en el profundo estado de relajación, y es una experiencia muy poderosa en la cual siento, en cada célula, todas las partículas de mi ser como un exquisito, extático punto de fusión. El sentimiento de conexión con mi compañero(a) es profundo. Mi ser entero se comparte con el de él, y el de él con el mío, como un flujo que no conoce fronteras…Yo siempre me sobrecojo por el poder que reside en el hombre y la mujer. Estamos más cerca de lo que creemos de ser dioses y diosas…Hay un sentido de tener todo el tiempo del mundo, de ser una eternidad, y de tener más y más energía disponible." (Chia & Chia, 1986, p. 291)

El “asunto”, por supuesto, era que para encontrar este éxtasis valle, uno tenía que superar el orgasmo convencional. Russ, no obstante, era muy conservador y no tenía interés en lo que él consideraba ‘sexo no convencional’. Poco tiempo después fui transferida a Europa. Frustrada de nuevo.

ENGANCHÁNDOME CON EVITAR EL ORGASMO

Pasaron los años y ningún sabio de Oriente apareció para instruirme en la unión mística. Decidida a aprender, me inspiré en uno de mis dichos favoritos:

“Nunca temas intentar algo nuevo. Recuerda, los amateurs construyeron el Arca; los profesionales, el Titanic.”

Concluí que tenía que hacerme una idea de cómo motivar a otro principiante para explorar este misterio junto a mí. Rápidamente descubrí que, aún con buenas intenciones, no es fácil dejar atrás los hábitos sexuales corrientes. Podía lograrse, empero, y el proceso fue sorprendentemente disfrutable. Con suficiente automotivación, y claras instrucciones (la segunda parte del libro), no tendrás que ir a tropezones como yo.

Aquí está el recuento de mi primer intento por “crackear el código”: Nos conocimos con Alex en un taller en una comunidad espiritual en Escocia. Un hombre profundamente espiritual, estaba haciendo una pausa en su práctica en psicología, viajando desde Canadá alrededor del mundo, para así visitar varios ‘sitios de inspiración’. Después del seminario, regresamos a mi casa en el continente europeo. Después de mucha discusión, decidimos poner en práctica una aproximación no-orgásmico al sexo.

Yo tenía un libro, escrito por un hombre, con un montón de ‘tips’ sobre cómo los hombres podían ganar maestría sobre el impulso de eyacular. Recomendaba tensar los músculos alrededor de la próstata, apretar la mandíbula, contar al respirar, y muchas otras técnicas enérgicas – las cuales yo después aprendí que no son tan efectivas como un muy gradual y más relajado acercamiento a la intimidad sexual.

Todas las veces, Alex insistía que él no necesitaba instrucción alguna. Cuando hacíamos el amor, sin embargo, ocurría como era lo usual. Es decir, él eyaculaba. Y durante todos los muchos días que siguieron, pasó lo mismo una y otra vez, a pesar de la genuina intención de evitar el orgasmo. Seguí insistiéndole que estudiara el manual, pero él se ponía cada vez más irascible. Cuando yo le observé, de acuerdo al libro, que su corto temperamento podría deberse al orgasmo frecuente, él estalló.

“¡Tú debes estar loca para sugerirme que la eyaculación tiene un efecto negativo en los hombres,” se encrespó. “Yo soy psicólogo. Si así fuera, yo lo sabría. Y si sigues hablando así, irás a parar a una institución mental…para explicárselo a tu loquero!”

Yo podía ver que ningún argumento más podía ya empeorar las cosas, y se me vino a la mente ¡lo estupendo que sería si él se subía en el próximo tren! Mantuve un silencio de piedra.

Finalmente él explotó, “¡Me doy cuenta de que no vas a escuchar ni una palabra de lo que yo diga hasta que lea ese libro!”
“Correcto, Alex”, admití.
“Ok, ¿qué tengo que leer?
Le mostré las cuatro o cinco páginas que explicaban las técnicas mencionadas arriba para que los hombres evitaran el orgasmo.
Él echó un vistazo a las instrucciones y anunció, “Vamos, intentémoslo.”



Para ese momento, yo estaba a punto de abandonar la idea. Esta más bien descortés invitación no se parecía a ninguna de mis imágenes sobre un encuentro de sexo sagrado. Pero yo anhelaba saber si las ideas tendrían algún mérito.

Hicimos el amor de acuerdo a las instrucciones. Él apretó y contó, y acabó la relación sin haber eyaculado. Entonces, me sorprendió cuando dijo, “No puedo creerlo. No me siento insatisfecho. No tengo…uh…bolas azules (“blue balls” es una expresión coloquial para señalar cuando un hombre se queda con la excitación sexual sin eyacular, lo cual le causa molestias. En castellano tendríamos que decir algo así como “las bolas hinchadas”, (nota de la traducción)). ¡Gracias por enseñarme esto!”. Tan anonadante como este hallazgo, una sorpresa mayor fue la que siguió. Durante las próximas 24 horas, él fue un hombre diferente. Su rabia se evaporó y su corazón se abrió. Mientras antes me había asegurado que él no necesitaba una pareja porque estaba en un camino espiritual, ahora se abría y hablaba sobre cuánto él siempre había deseado una compañera y se encontraba confundido por su incapacidad de estar en una relación.

El cambio más grande fue que él me vio con una luz completamente diferente. Nunca más me recomendó que me internara. En vez de eso, me dijo, “Tú eres tan espiritual y generosa. Dios realmente debe estar orgulloso de ti por perseverar en esto, a pesar de tanta resistencia.” Yo también me sentí transformada. Mi corazón se rompió de gratitud y pude ver con claridad sus cualidades angélicas. Me recuerdo pensando, “Gracias por mostrarme esta verdadera belleza de hombre.”

Yo me juré que había tenido mi última relación sin sentido con un amante. Pude saborear el potencial para la mutua adoración e intimidad satisfactoria en el nuevo concepto y estaba más decidida que nunca a dominar este acercamiento no convencional al sexo. Al final, me hallaba completamente motivada.

DIME QUE NO ES VERDAD

Y resultó que tuve más relaciones sin sentido por delante, debido a que algunas de las pistas-clave de cómo uno elude la biología no se encontraban en los manuales de sexo sagrado que yo había comenzado a ‘devorar’. A pesar de los emocionantes y significativos avances, mis resultados eran inestables. Buenas intenciones y nobles aspiraciones claramente no eran suficientes. Apenas yo caía en los antiguos hábitos la acostumbrada desarmonía en la relación se hacía presente. Difícil como esto era aceptar que el orgasmo en sí mismo parecía ser el culpable. Una vez que estuve preparada para considerar esta hipótesis inverosímil, me topé con una amplia evidencia sobre un doloroso anzuelo incrustado en el cebo de la atracción sexual. Éste causaba que los amantes se alejaran el uno del otro.



Recuerdan la película “Cuando Harry conoció a Sally? Billy Cristal decía que treinta segundos después de hacer el amor él quería salir de la cama y marcharse. Cuando le pregunté sobre eso a una de mis parejas, él respondió, “Sehh, supongo que es la forma como la mayoría de los hombres nos sentimos. ‘¡Bum, ya está hecho! Elvis se fue del edificio. La mujer gorda ha cantado. Gracias…y adiós’” Desafortunadamente, este deseo subconsciente de alejarse hace que un compañero luzca totalmente diferente después del sexo, aún si no se aleja.


Un amigo me describió su primera relación sexual. “Quería llorar”, me dijo, “porque ella era tan hermosa y yo la deseaba tanto. Pero recuerdo que me sentí un poco desilusionado cuando después vi su cuerpo, y su belleza no me encendía más como lo había hecho en medio de la pasión"

Extrañas cosas ocurren en nuestra percepción del otro después de que el “peak" del orgasmo se desencadena. Yo pienso en este cambio como una resaca –una fase temporal de sutil incomodidad que sigue al sexo apasionado. Habitualmente lo proyectamos en nuestra pareja o en el mundo circundante, imaginando que él, ella, o las circunstancias a nuestro alrededor sobre las que no tenemos control, causan nuestro malestar. Aquí hay una cita del ensayo de D. H. Lawrence “Pornografía y Obscenidad”:

“La experiencia enseña que los individuos comunes [tienen] una actitud de repudio hacia el sexo, un deseo disgustante de insultarlo. Si esos tipos tienen relaciones sexuales con una mujer, triunfalmente sienten que la han ensuciado, y ahora es más baja, más barata y más despreciable de lo que era antes.” (Thrilling, 1977, p. 654)

Probablemente estás pensando que esos tipos tienen un tema serio con sus madres. No obstante, yo ahora sospecho que este problema de resaca es la razón de por qué una buena parte de la humanidad apoya extrañas nociones sobre la sexualidad. Si podemos sentirnos lo suficientemente ansiosos para salir corriendo después del sexo, podemos también sentirnos suficientemente incómodos para convencernos a nosotros mismos de que el sexo opuesto es repulsivo, que Dios nos está castigando por involucrarnos en el sexo, o que es una buena idea cortarle los genitales a las muchachas como se practica en algunas partes de África. Aún si no nos sentimos culpables per se, nuestra percepción hacia nosotros o hacia los demás cambia hacia lo peor. Recuerdan lo que dijo Hugh Grant no mucho después de que fuera sorprendido con Divine Brown en 1995?

“Me importa un carajo la moralidad de esto… No me importaba. Todo el mundo es una bestia sucia”

Aquí hay otro ejemplo del impulso de un hombre de marcharse después del sexo orgásmico, de John Lee en “The Flying Boy”:

"No importa quién fuera la mujer. Yo era tan bueno cuanto durara el momento en que hacíamos el amor. Después de ese instante siempre tocaba algo tabú –acaso mi madre, acaso mi dolor- y yo tenía que volar lejos… Me preocupaba y esperaba el momento más apropiado para emprender el vuelo. Si yo no volaba, me alejaba corriendo. De todas maneras yo sabía que no podía estar con ellas." (Lee, 1989, p. 10)

Y consideren este dramático ejemplo del profundo miedo vinculado al sexo, del padre de la psiquiatría moderna, Sigmund Freud:

"Probablemente ningún macho humano está a salvo del miedo a la castración ante la vista de un genital femenino". (Freud & Freud, 1968, p. 154)

Claramente el sexo está ligado a sentimientos suficientemente irracionales como para apartar a los miembros de una pareja. Un maestro taoísta explica:

"Eventualmente un hombre puede desarrollar sentimientos de indiferencia u odio por su compañera sexual porque él subconscientemente se da cuenta de que [cuando él tiene sexo con ella] pierde aquellas altas energías que podrían convertirlo a él en un hombre verdaderamente feliz." (Chia, 1984, p. 44)

Cualquiera que estudie Medicina Tradicional China estará familiarizado con la idea de que el orgasmo tiene consecuencias negativas. Pero rara vez entendemos esto como un tema emocional, psicológico.

El malestar subconsciente puede apuntar más allá del drama en nuestras relaciones, porque no siempre nos proyectamos nuestra incomodidad unos a otros. Consideremos las palabras del psicólogo Herb Goldberg en “What Men Really Want”:

"La naturaleza defensiva de la masculinidad crea una profundamente cautelosa y negativa experiencia del mundo, al cual ven como un lugar donde nunca hay sufieciente poder, control, seguridad e independencia." (Goldberg, 1991, p. 112)

A diferencia de Freud y Goldberg, yo no acepto que esas creencias defensivas sean parte innata de la naturaleza de los hombres. Mientras más aprendo, más sospecho que el sentido de carencia que domina la experiencia humana se origina simplemente en el cambio perceptual asociado al sexo. Las implicancias de esto son enormes. A medida que la luz se iba prendiendo, sentía como si hubiera descubierto un elefante en mi living, que había estado ahí largo tiempo, bloqueando mi progreso y entrampando ciegamente mis relaciones.

LA RESACA ESCONDIDA.

Al final terminé aceptando que el cambio en la percepción de mis parejas hacia mí, el cual a menudo yo había experimentado, no era estrictamente un producto de mis propios temas o los de ellos. Era real. Pero –y aquí está el punto más importante de este libro- el cambio perceptual era algo involuntario y prevenible. Es decir, los miembros de la pareja no podían evitar que el cambio ocurriera a menos que se dirigieran a la causa subyacente.

Leí mis textos de sexualidad sagrada nuevamente. Estaba en blanco y negro: el acto sexual es beneficioso, mas el orgasmo trae consigo una gran cantidad de problemas. Los síntomas podían incluir sentirse agotados, irritabilidad, desequilibrio energético, problemas de salud, y más significativamente, una creciente aversión hacia nuestro compañero sexual.

El mundo está lleno de cosas obvias, de las cuales nadie en ninguna oportunidad se da cuenta.
-Sir Arthur Conan Doyle

Las antiguas enseñanzas culpaban de estos problemas a la pérdida de semen, de tal modo que la mayoría de los textos claman que sólo los hombres sufren de los efectos negativos. Esta explicación ha probado ser demasiado simplista. Yo he aprendido con certeza que esta aflicción post-orgásmica igualmente afecta a las mujeres –alterando negativa y dramáticamente sus percepciones hacia sus parejas- aunque algunas veces toma más tiempo que en el caso de los hombres. La pérdida de semen, de hecho, resulta virtualmente irrelevante.

Hablando en general, las personas no están concientes de esta resaca. En verdad, la biología nos ha enganchado tan firmemente en la neuroquímica que acompaña al sexo orgásmico, que nosotros sólo tomamos nota de sus apabullantes efectos a corto plazo. Pero, ¿Se han ustedes enamorado alguna vez con total abandono, experimentado un ‘hacer el amor’ maravilloso, y estado seguro de que querían estar juntos para siempre…y luego notado que una extraña separación emocional se desarrolla entre tú y tu amado? Muchas veces cambiamos de pareja debido a este sentimiento de separación, creyendo que somos víctimas de incompatibilidad.

Realmente, somos víctimas de nuestros fluctuantes neuroquímicos. Es decir, nuestra pareja parece irresistible cuando la química cerebral de la atracción inicial resuena en nosotros. Pero el fuego de la pasión produce subsecuentes cambios en esta química que, tarde o temprano, modifican para peor la percepción del uno al otro.

El brillo cálido del amor, que antes iluminaba nuestro mundo, misteriosamente se esfuma, dejando una estela de desarmonía y estancamiento. Como una resaca alcohólica, estos cambios nublan nuestra perspectiva hacia la vida e incluso nuestra percepción espiritual. Este cambio de percepción radical puede explicar por qué un texto tántrico se refiere al orgasmo como el "asesinato del Buda interior" (Dowman, 1984, p. 248)

Como expliqué en la Introducción, el sexo activa el mecanismo de placer/recompensa en el sistema límbico, o cerebro primitivo, para estimularnos a procrear. Es el mismo mecanismo que actúa detrás del alcohol, la nicotina, y muchas otras drogas comunes. Es fácil comenzar, pero, cuidado, esta área del cerebro no está diseñada para mantener la sobre-estimulación continua. Como explicaré en detalle un poco más adelante en el libro, el exceso de estimulación provoca que centro de placer/recompensa ponga frenos en acción. Algunos de nosotros sentimos esta desaceleración como malestar, ansiedad, monotonía, o irritabilidad. Incluso está la desesperada necesidad de remodelar a nuestra pareja para que pueda responder a nuestras amplificadas necesidades.

Desafortunadamente, los efectos emocionales de la resaca orgásmica duran mucho más que los inducidos por el alcohol. De hecho, en mi experiencia, la percepción post-orgásmica de los amantes puede permanecer distorsionada hasta por dos semanas. Y a menudo empeora radicalmente antes que ese tiempo termine.

Este extenso período de recuperación probablemente da cuenta de por qué el judaísmo ortodoxo recomienda dos semanas de abstinencia desde el acto sexual cada mes. Esto les da a los miembros de la pareja una oportunidad de restaurar su equilibrio interno antes del próximo ciclo de altos/bajos. El resto de nosotros, sin embargo, tenemos poca ocasión de vincular esta resaca con nuestras vidas sexuales porque raramente dejamos pasar lo suficiente como para observar el ciclo completo. (Y cuando estamos sin sexo, habitualmente nos turbamos por el miedo a la soledad emocional).

Muchos de nosotros hemos experienciado relaciones sexualmente activas como un brutal subibaja que cabalga hasta que el estancamiento coloca y/o nosotros colocamos los frenos. Creo que esto ocurre porque estos ciclos insospechados entran en acción, traslapados unos con otros. Cuando los miembros de la pareja alcanzan los puntos bajos, cada uno tiende a proyectar en el otro su propia disconformidad. Típicamente, él comienza a parecerle a ella imposiblemente autocentrado, insensible, y egoísta, mientras ella aparece ante él como espantosamente necesitada, imposible de satisfacer, y demandante.

Con seguridad, estos roles no son específicos de un género, y la desarmonía puede tomar muchas otras formas. Cuando ambos se alejan inmediatamente, nos referimos a eso como un encuentro de una noche. Y cuando ambos se vuelven necesitados, le llamamos co-dependencia.

Habitualmente, no obstante, un amante se aleja mientras el otro desesperadamente busca evitar la separación que se avecina, manipulando, sobre-controlando, o provocando sentimientos de culpa. La cautela rompe la confianza de corazón abierto que fluía entre ambos. Típicamente, uno llega a ser extremadamente yin, creando una insaludable succión en la relación, mientras el otro compañero se vuelve extremadamente yang y repele al primero.

Durante este periodo de resaca, tenemos une poderosa sensación de que algo no está bien. Y no lo está. Desafortunadamente este síndrome está generalizado. De modo que intentamos convencernos unos a otros de que nuestra aflicción es un “Así es la vida”, o que puede ser reparado a por el abordaje de algunos aspectos de nosotros mismos, o evitado si somos más selectivos con nuestra próxima compañera. Cuando incurrimos en el problema una y otra vez, las detalladas listas de nuestros “debe tener” para el futuro crecen cada vez más.

Es fácil engañarnos a nosotros mismos diciendo que el sexo convencional no tiene nada que ver con nuestro tormento porque los síntomas rara vez se muestran primero como problemas sexuales. En vez de eso, se manifiestan como aquello que nosotros percibimos como defectos obvios de personalidad en nuestro amante o nosotros mismos, tales como adicción, quejas, insensibilidad, gastos irresponsables, paranoia, tacañería, o irresistible atracción hacia terceros. Y así atacamos los síntomas en vez de la causa.

Excepto por mamá y papá en “The Brady Bunch”, yo realmente no conozco parejas que hayan escapado por completo a los efectos de este bajón más allá de los primeros seis meses de relación comprometida. Aún los matrimonios que se ven más felices pronto revelan asombrosas brechas fuera de escena (Ver Capítulo 6). Pareciera que hay algo más que sólo azarosa mala suerte actuando. Por lo demás, al menos la mitad de los matrimonios deberían estar felizmente contentos y haciendo mucho el amor. No es así.

EL ESCRITO EN LA MURALLA

Cuando comprendí las dimensiones del problema, me di cuenta de que otros ya estaban admitiendo los efectos de la resaca aunque la etiquetaban de modo diferente. Por ejemplo, el popular terapeuta de parejas John Gray (Los Hombres son Marte y las Mujeres son de Venus) enseña que los hombres son como gomas elásticas, con un patrón de calentura y liberación seguido por periodos de alienación emocional respecto a sus parejas.

Yo admiro su clara articulación de los síntomas cuando oigo una cinta suya. Recuerdo que su explicación era algo así como esto: “Hombres, ustedes deben alejarse de las mujeres después de los períodos de intimidad, o ellas los agotarán. Mujeres, cuando eso ocurra, acudan a otras mujeres hasta que vuestro hombre esté de nuevo preparado para sacrificarse en el amoroso contacto con ustedes.” Aunque agradezco esta franqueza, pienso que es poco sensato asumir que un sentido de sacrificio, retirada emocional, o conducta agotadora, son inocuos cuando se repiten en una relación.

Acaso ustedes recuerden “La Novena Revelación” de James Redfield, en la cual al protagonista se le prohíbe entablar una relación con una mujer, ya que eso podría “sacarlos de sus respectivos caminos de evolución individual, y conducirlos a una desesperada lucha de poder”. Y también mujeres autoras, alaban la separación. Veamos, por ejemplo, “Woman, Passion & Celibacy” de Sally Cline, quien enumera las razones dadas por muchas mujeres que optan por el celibato.

Lo he tenido con los hombres…no más ansiedad sexual…Quería una vida simple…el sexo era aburrido…lo hacía por despecho…denme compañerismo, no sexo…necesitaba más tiempo para mí misma…mi alma estaba sufriendo…(Cline, 1993, p. 91)

Sin darse cuenta, estos autores están señalando el bajón desde el efecto de la resaca, el cual los antiguos sexólogos advertían. Ciertamente yo había tenido amantes retirándose “dentro de sus cuevas”, como pone John Gray, después intimar. Y me había hallado a mí misma en bizarras luchas de poder con mis parejas, las que me parecían completamente sin sentido semanas después. ¿Pero es la separación, temporal o total, la única manera de sobrellevarlo?

No de acuerdo a los antiguos textos. Éstos insisten en que hay una forma de hacer el amor sin resacas ni alienación. En verdad, convencer a alguien de privarse del orgasmo convencional no es la cosa más fácil en el mundo, pero aún desde el primer momento, yo sabía que tampoco era imposible. Después de todo, yo había leído libros escritos por hombres que abogaban por ello. Y había visto por mí misma los beneficios en mis parejas al evitar el orgasmo.

Y resultó que, convencer a mi amante de no eyacular al hacer el amor, no era el único obstáculo entre mí y el objetivo de la unión más profunda. Había más piezas en este puzzle.

REFERENCIAS

Chia, M. (1984) Taoist Secrets of Love. Cultivating Male Sexual Energy. Page 44 Santa Fe: Aurora Press.

Chia, M. & Chia M. (1986) Healing Love Through the Tao. Huntington: Healing Tao Books.

Cline, S. (1993) Women, Passion & Celibacy. New York: Carol Southern Books.

Dowman, K. (1984) Sky Dancer: The Secret Life and Songs of Lady Yeshe Tsogyel.

Freud, A. & Freud, J. (1968) The Future of an Illussion; Civilization and its Discontents; and other works, the Standard Edition of the Complete Psychological Works of Sigmund Freud, vol 21, page 154. London: The Hogarth Press and the Institute of Psychological Analysis.

Golberg, H. (1991) What Men Really Want. New York: New American Library.

Lee, J. (1989) The Flying Boy, p.10. Deerfield Beach, FL: Health Communications, Inc.


Thrilling, D. (1977) Ed. The Portable D. H. Lawrence. New York: Penguin Books.
London: Routledge and Kegan Paul)
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jueves, 8 de abril de 2010

La mujer: Naturalmente Transorgásmica

La mujer, mucho más que el hombre, es naturalmente transorgásmica. Esto quiere decir que su sexualidad está mucho más conectada con un intercambio afectivo y energético durante la relación, que con el hecho de alcanzar rápido el orgasmo. El placer femenino, tan misterioso para el hombre por su complejidad, no siempre se experimenta como una descarga explosiva.
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Y es que la sexualidad femenina es también menos parcializada y localizada que la del hombre. Pensemos que este último tiene genitales externos, en cambio en la mujer, tanto el útero como los ovarios y la vagina se hallan muy por adentro de su propio cuerpo. La mujer necesita más tiempo para alcanzar su máximo placer, pero muy a menudo los hombres, quienes son naturalmente orgásmicos, no duran lo suficiente antes de eyacular. Hablando sólo de la capacidad sexual de la fémina, mientras el hombre común sólo puede lograr sólo 1 orgasmo, ella puede experimentar varios.

También en la mujer las zonas de placer se diversifican. No se trata sólo del clítoris y la vagina; también están los senos, los labios, el lóbulo de la oreja, las caderas y en general toda la superficie de su piel, la que opera como un órgano sexual. En el hombre, todo o casi toda su capacidad excitatoria se concentra en el miembro viril, específicamente en el glande. Al estar tan localizada, los impulsos sobrepasan fácilmente el umbral de excitación donde sobreviene el orgasmo. Es la razón de porqué a los hombres les cuesta tanto controlarse sin eyacular.

Y si hablamos de las tradiciones que practicaron y siguen practicando Sexualidad Transorgásmica, encontramos, por ejemplo, el Tantra, donde la mujer es ensalzada como muy superior al hombre en lo sexual. Ellos afirman que “lo que aprende una mujer en un día, un hombre lo hace en un año”. Recordemos que el Tantra es un conocimiento antiquísimo en la historia de la civilización, que se remonta a las culturas matrízticas de la antigua India. Para el Tantra, el amor sexual tiene carácter de sagrado, pues constituye una suerte de camino de iluminación o liberación. Y la mujer, al ser sexualmente superior al hombre, es siempre adorada y sacralizada ("la mujer supera al hombre como el agua supera (o apaga) al fuego" -señalan). El libro de Andrée Van Lisebeth “Tantra, el culto a lo femenino”(Van Lysebeth, 1992) ya nos sugiere en su título, cómo Tantra y naturaleza (sexualidad) femenina están muy relacionados.

Y es que la mujer, como es naturalmente menos explosiva, más pausada y menos interesada en “correr los 100 mts. planos hacia el orgasmo”, comprende más rápido de qué se trata la experiencia transorgásmica. De seguro, ella misma, muchas veces al hacer el amor involuntariamente percibió aquella ola de placer que iba y venía..., y aspirando profundamente sintió cómo subía por su espalda y le ocasionaba un gozo que inundaba todo su ser. La vivencia no fue la misma que cuando, en otras ocasiones, consiguió el orgasmo ordinario, donde la energía, en vez de subir, estalló y se "escapó" al exterior.
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Por su parte, los maestros taoístas como Mantak Chia (Cia & Winn, 2000) afirman que la energía en la mujer va naturalmente desde la tierra al cielo, por tratarse de la fuerza de la tierra. En el hombre ocurre lo contrario: va desde el cielo hacia la tierra. Esta es la razón por la cual, según Chia, al hombre le es tan fácil y familiar el descargarse o "explotar" sexualmente. En la mujer, en cambio, la energía tendería a subir hacia la zona del corazón, haciéndola más emocional y sentimental.

Mantak Chia va aún más allá al señalar que estos dos flujos opuestos son flujos lineales, que suelen no encontrarse entre sí. Hombres y mujeres van por caminos distintos: los hombres buscan el placer genital mientras las mujeres buscan a menudo una experiencia más bien romántica del sexo. Para que el encuentro se produzca, deben transformar este flujo lineal en circular. Ambos lo logran haciendo que la energía circule por lo que Chia llama “la órbita microcósmica”, la cual va por el centro del cuerpo y sube por la espalda y la nuca hasta la coronilla, bajando luego por el entrecejo, la garganta, el pecho y el vientre hasta completar el circuito. Digamos que un requisito para conseguir esto es evitar el orgasmo, ya que éste implicaría interrumpir el flujo. Chia recomienda usar la respiración abdominal, la musculatura pélvica y la imaginación, para así “dirigir” la energía y evitar la descarga.

Sin embargo, retomando el punto central que nos interesa, volvemos a insistir en que la mujer es naturalmente más proclive a una experiencia transorgásmica. Si lo pensamos bien, el orgasmo no es una experiencia natural de la mujer; más bien tiene que aprenderla. Hay mujeres que recién a los 30 años comienzan a tener orgasmos, mientras que otras lo descubren a través de la masturbación. Hoy en día, dada la gran publicidad que tiene el orgasmo en occidente, toda mujer desea tenerlo cuanto antes. Muchas feministas han convertido al orgasmo en su bandera de lucha por la igualdad sexual. Señalan que toda mujer tiene el mismo derecho a llegar al orgasmo que el hombre. Es así como la mujer abandona su natural predisposición hacia la experiencia transorgásmica y se embarca en igualar al hombre.
A las feministas, sugerimos que estudien la obra de Alice Bunker Stockham, la quinta mujer médico en los EE.UU., gran feminista y sufragista, la que en plena época victoriana (s. XIX) desafió las prohibiciones y convenciones morales para plantear un método que ella llamó Karezza, basado en los principios de la práctica sexual transorgásmica. Ella era una convencida de que Karezza era la solución para la mujer en cuanto a su vida sexual, pues además de liberarla de la concepción indeseada, potenciaba su experiencia y su vida de pareja. Sus libros fueron censurados y olvidados, pero aún es posible hallar copias de su obra principal “Karezza, Ethics of Marriage”. (Yronwode, 1995).

Muchas mujeres actuales, hijas de la cultura patriarcal, también se han vuelto fetichistas. A menudo están en contra de que un hombre no “acabe” al hacer el amor, aún cuando no estén pensando en quedar embarazadas. Consideran al semen como una especie de trofeo, la prueba tangible del amor de su hombre, y cuando no logran que este último eyacule, estas mujeres se sienten frustradas o incompletas, como si estuviera ocurriendo algo muy malo con ellas o con la relación.

Queremos hacer la invitación a todas las mujeres a adentrarse en la Práctica Transorgásmica, que de seguro traerá grandes cambios en sus relaciones de pareja.

REFERENCIAS:

Chia, M. & Winn, M. (2000) Secretos taoístas del Amor. Cultivando la Energía Sexual Masculina. EDL Eds.

Stockman, A. (2009) Karezza, Ethics of Marriage (paperback). Bibliolife.

Van Lysebeth, A. (1992) Tantra, el culto a lo Femenino.

Yronwode, C. (1995) Alice Bunker Stockham & Karezza. Artículo disponible en http://www.luckymojo.com/tkstockhamkarezza.html

martes, 6 de abril de 2010

¡¡Bienvenidos a la práctica!! Cómo hacer el amor de modo “transorgásmico”.

Hasta el momento, hemos hablado ampliamente de nuestro modelo de Sexualidad Transorgásmica. Hemos hecho un gran esfuerzo por explicar sus ventajas y características, y cómo es una necesidad comenzar a cambiar nuestros paradigmas en materia sexual.

Ahora nos corresponde explicar los pasos de la práctica, para que las parejas puedan, en el momento en que se decidan, comenzar a practicar. Y hemos hablado de “parejas” más que de individuos, ya que los mejores resultados se consiguen cuando ambos miembros están de acuerdo. De lo contrario, pueden existir éxitos parciales e, incluso en algunos casos, frustraciones.

Veamos cómo se practica la Sexualidad Transorgásmica:

Para comenzar, necesitamos de la natural atracción y del deseo mutuo. Todo comenzará como cualquier relación sexual, a través de abrazos, caricias y ardientes besos en las distintas zonas erógenas del cuerpo, a fin de activarnos por completo. Se recomienda, durante todo el tiempo, mantener una respiración profunda, la cual nos preparará mentalmente y paulatinamente nos hará entrar en un pequeño trance, ayudándonos a conectar con nuestro cuerpo y el de nuestra pareja. En lo fisiológico, estos momentos de preparación permiten que los órganos sexuales se lubriquen y estén preparados para la penetración.

A continuación, y en algún momento en que la pareja lo estime, se producirá la penetración. Es de suma importancia que se lleve a cabo con cuidado. Los movimientos, sobre todo en los primeros instantes, deben ser tranquilos. Muy de a poco tenemos que ir moviéndonos, pero suavemente y como llevando un ritmo. Sabemos que, en el caso del hombre, muchas veces los primeros momentos son críticos porque en ellos puede sobrevenir el orgasmo y la eyaculación (esto se conoce como Eyaculación Precoz).

A partir de la penetración, es necesario que la excitación se estabilice en una especie de “Plateau” o “Meseta” (utilizando el lenguaje de Master & Johnsonn). Esto significa que el flujo de libido debe ser más o menos constante: recordemos las advertencias de Ícaro a Dédalo: “no debes subir demasiado, porque el sol derretirá tus alas de cera, pero tampoco volar tan bajo que caigas al mar”. En otras palabras, si permanecemos 100% quietos, la excitación decaerá, pudiendo perderse la erección y la lubricación; pero si nos movemos con demasiada violencia, arrastrados por la pasión, desencadenaremos el orgasmo.

Estando conectados de esa forma, la pareja debe avivar el fuego sexual, el cual comenzará a manifestarse como oleadas de placer que invadirán todo el cuerpo. La energía debe fluir, porque si se concentra sólo en los órganos sexuales, lo más seguro es que llegue un momento en que el cuerpo ya no aguantará más la presión y estallará.

Usemos la metáfora de la “olla a presión”, la cual tiene claras reminiscencias que aluden a un proceso alquímico. La olla, la caldera o el atanor, o como queramos llamarlo, viene a representar nuestros órganos sexuales. Puede ser útil, si en esos instantes de paroxismo sexual, imaginamos una olla hirviendo en nuestras entrañas, la cual naturalmente expedirá vapores. Los vapores representan esas oleadas de placer que nos invaden desde abajo. No obstante, todos sabemos que si una olla o una caldera hierven, es necesario darles tiraje, o una salida al vapor. ¿De lo contrario qué ocurrirá? Efectivamente, la olla o la caldera estallarán, expulsando afuera su líquido hirviendo, el cual de paso apagará el fuego. Todo ingeniero sabe que todo se soluciona si colocamos un tubo de escape o una chimenea por donde pueda salir el vapor. Los alquimistas llamaban a este instrumento: la torre de destilación o el “alambique”, el cual para nosotros éstará representado por nuestra espina dorsal (Los chinos y los tántricos hablan de "meridianos" o canales de energía que recorren el cuerpo de arriba a abajo; el más importante de esto canales va por la columna vertebral. Aunque nos sea difícil aceptar esta posibilidad, la columna será una un buen punto de referencia para nosotros, pues nos ayudará a visualizar la dirección como deben ascender las oleadas de energía (placer) que nos invaden en el momento de la cópula)

Durante la práctica sexual, en los momentos cuando experimentamos esa potente “olla a presión” pélvica, necesitamos hacer que los vapores (energía sexual) suban y circulen. Esto, si bien es cierto ocurre de modo más o menos natural si estamos relajados y hemos activado todas las otras zonas erógenas del cuerpo. No obstante necesitamos bombear también los vapores de modo consciente. Esto lo logramos gracias a la Respiración.

La respiración profunda de ritmo acompasado cobra importancia capital, no sólo para hacer circular y subir la energía por la columnapreviniendo así el estallido de la olla, sino para hacer que con su ritmo, nuestra mente entre en un estado de semi-trance. Al respirar también nos oxigenamos, y recordemos que el fuego necesita del aire para mantener viva su llama.
Ahora bien, las características de nuestra respiración durante el sexo, es que debe ser profunda y llenar, de preferencia, la parte baja del cuerpo (respiración ventral o abdominal). Si esto se nos dificulta durante la práctica, aconsejamos practicarla aparte, a través de ejercicios respiratorios como los que nos entrega el yoga, el chi-kung o las artes marciales.

Para que la respiración sea efectiva en bombear hacia arriba los vapores sexuales durante la práctica, debemos poner el énfasis en la inhalación. A diferencia de la práctica común, donde instintivamente el énfasis está puesto en la exhalación (los típicos jadeos), acá se trata de conducir la energía desde abajo hacia arriba, y desde el exterior al interior. Esto lo logramos con la inhalación. Podemos imaginar también una corriente luminosa ascendiendo desde nuestras entrañas a nuestra cabeza por nuestra columna vertebral. Los maestros tántricos hablan de 2 conductos energéticos: Ida y Pingala, que se entrelazan cual serpientes a ambos lados del canal central Sushuma, en la espina dorsal (ver imagen).

La inhalación profunda no debe hacerse de forma mecánica, debe ser hecha con emoción, tal como si estuviésemos inspirando el aroma de una flor o de un exquisito licor. Algunas personas imaginan (y con la práctica llegan a sentir), que mientras el aire entra por los pulmones, la energía sube hasta el corazón o la cabeza, y luego cuando espiran, ésta se expande como un aura de luz.

Respecto a la exhalación, esta no es simplemente “soltar” el aire. Hay que también hacerla de modo consciente, como empujando el aire con el diafragma. Repetimos que esta habilidad puede practicarse aparte, a través del yoga, de la meditación o la relajación profunda.

Además de la respiración, existe otra clave para controlar y hacer circular la energía en el trance sexual. Estamos hablando del control de la musculatura. Pero alguien podría ser un asiduo deportista o fisicoculturista, mas eso no implicaría mayor dominio de la sexualidad. La realidad es que nos referimos a músculos que pocas veces ejercitamos de modo consciente: aquéllos de la zona del perineo.

Cuando estemos en pleno acto sexual, soltar y apretar esta musculatura, de modo consciente, nos dará mucho dominio y control frente al orgasmo. El músculo pubocoxígeo es el que rodea el punto que los chinos llaman “Hui –Yin” entre los testículos y el ano (en la mujer tiene una ubicación equivalente).Tal como si se tratara de las riendas de un caballo, mantener el control sobre este músculo nos permitirá ir controlando cualquier impulso que pueda precipitarnos hacia un orgasmo involuntario.

Si alguien está pensando en que tenemos que estar con el músculo contraído todo el tiempo, les recordamos el ejemplo del caballo: uno no tiene todo el tiempo las riendas tirantes, ya que eso nos cansaría a nosotros y al caballo; uno mantiene las riendas sueltas y sólo las tira para indicar la dirección al caballo, o cuando es necesario hacer que frene o se desvíe. Ejercitar el músculo pubocoxígeo es relativamente fácil: basta contraer como si estuviéramos aguantando la orina. Si sostenemos, estando parados y con los pies juntos, un cubo o libro grueso entre las piernas, balanceemos la pelvis de atrás hacia delante, y veremos cómo el músculo se activa. Mantak Chia (1993) aconseja también a las mujeres introducir un pequeño huevo en su vagina, estando de pie, y jugar a apretarlo y soltarlo.

Entonces, recapitulando la práctica: estamos en plena etapa de “Meseta”, y ya han transcurrido minutos, quizás media hora o más. Conforme el cuerpo se va habituando, la cópula puede durar cada vez más. El umbral de eyaculación (u orgasmo, para incluir también a la mujer) se va elevando paulatinamente. Esto quiere decir, que conforme avanza la práctica, la pareja puede aumentar el “fuego” de la “olla”, sin que esto signifique que vaya a estallar. Recordemos nuestra experiencia de hervir leche: cuando ésta entra en ebullición, fácilmente se sube y se rebalsa. Pero si revolvemos, es decir, hacemos circular su contenido, podemos mantener la temperatura y la ebullición, pero sin que derrame. Algo así ocurre con la Práctica Transorgásmica, y es la razón por la que insistimos que aún en ausencia de orgasmo, la pareja puede tener una experiencia intensa y transformadora.

Suponiendo que el orgasmo se aproxima, rápidamente hay que detener el movimiento (ambos en la pareja deben parar) y retener el aire. Por supuesto esto tiene que hacerse antes de sobrepasar el “punto de no retorno” después del cual el orgasmo será inevitable. Retener el aire es como una especie de aspiración rápida donde el aire queda retenido en los pulmones, para luego expulsarlo suave y controladamente (no “soltar” sino empujarlo). Cuando pasa el momento de peligro, los movimientos pueden reanudarse. Mantak Chia (1993) se refiere a algo que él llama “La Gran Aspiración”, y la recomienda sobre todo para las mujeres, que cuando sienten que el orgasmo se aproxima y la energía está próxima a escapar, deben aspirar profundamente como llevando la energía hacia adentro y hacia arriba, contrayendo y relajando la musculatura vaginal, como si estuvieran bombeando. Los hombres también pueden hacer esta “Gran Aspiración”, reteniendo el aire y apretando su musculatura de las piernas y del perineo, tal como hemos indicado.

De más no está decir que mientras más rítmicos, largos y profundos los movimientos, permiten un mayor control. También se pueden hacer movimientos cortos, pero son como apretar el acelerador. Si vemos que el fuego decae, podemos avivarlo a través de estos movimientos cortos, pero si nos acercan demasiado al orgasmo debemos bajar la velocidad. Los movimientos no deben controlarse en un 100%, pues eso quita espontaneidad a la práctica. Se trata más bien de dejar que el movimiento fluya, pero no de un modo descontrolado. En el sexo, los movimientos más armónicos son circulares, como si fuera una serpiente. Esto es así porque la energía circula como ondas, y nosotros debemos acompañar esas ondas, como si danzáramos. Danzar es un buen ejemplo de un movimiento que es fluido, rítmico, pero al mismo tiempo armonioso; no descontrolado ni caótico.

También podemos agregar que los movimientos, en este caso de la pelvis, pueden combinarse con la respiración. En una relación típica cuando la pelvis va adelante, instintivamente tendemos a exhalar. Acá podemos invertir dicha relación: si la pelvis va adelante, inhalamos; si va hacia atrás empujamos el aire fuera. Esto nos ayudará, sobre todo al hombre, a prevenir la eyaculación. Si queremos aumentar el fuego, podemos volver a la relación pelvis-adelante/exhalación y pelvis-atrás/inhalación.

Finalmente, hay que indicar que algunas prácticas, aquellas a las que se les puede dar alguna intención más mística, pueden incluir algún tipo de mantram. El místico contemporáneo Samael Aun Weor (1991), señala mantrams bastante sencillos como el IIIIIIII-AAAAAA-OOOOOO, que pueden ser vocalizados o repetidos mentalmente durante la práctica.

Al no existir orgasmo, la unión transorgásmica “acaba” cuando uno de los dos miembros, o ambos de común acuerdo, deciden terminarla. Aunque no exista cansancio por descarga de energía, la musculatura y el cuerpo también se agota. También podemos sentirnos “llenos” y satisfechos, por lo que prefiramos separarnos. Para eso, suavemente nos desconectamos sexualmente de nuestra pareja y nos tendemos a su lado, puede ser de espaldas o de lado abrazándola a ella. Presionar la pelvis contra ella nos permite apretar nuevamente la musculatura pubocoxígea, lo cual nos ayuda a “cerrar bien las puertas”. Al mismo tiempo, se aconseja que cada miembro continúe respirando como lo venía haciendo, profundo y relajado. Notarán que sus cuerpos están calientes y vibrantes; por lo mismo, no será bueno si se enfrían (nosotros recomendamos cubrirse siempre con alguna manta o sábana, y no ducharse hasta dentro de media hora como mínimo).

Después de la separación, lo que buscamos es evitar que haya un corte violento, para así ir poco a poco retornando al ritmo normal. Esto significa que muy de a poco el hombre irá perdiendo la erección, aunque, a diferencia de la fase típica de Resolución (post-orgasmo), podrá la erección ser recuperada en cualquier momento. Por otra parte, un estado de éxtasis y relajación profunda se experimenta en esta fase, muy distinta del cansancio post-orgásmico. Afectivamente, la pareja sigue conectada, y la atracción continúa, porque ambos amantes muchas veces querrán seguir besándose o abrazándose.

Podrían llegar a presentarse molestias después de la práctica, las cuales pueden ser bastante normales cuando alguien recién se inicia. Estas molestias generalmente afectan al varón, y son similares a las que algunos hombres experimentan cuando han tenido excitación y no han eyaculado. Pueden ser vivenciadas como cierto dolor en la zona del vientre o en los conductos espermáticos (subiendo por la ingle). Podría haber dolor de cabeza o cansancio. En todos estos casos, las dificultades aparecen porque la energía no se hizo circular adecuadamente (por medio de la respiración y el movimiento) y el cuerpo se enfrió, estando la energía acumulada abajo. Recordemos que si nosotros tenemos un sistema de tuberías por donde circula el vapor, si ese sistema se enfría repentinamente con el vapor dentro, el vapor se condensa y puede que hasta se cristalice en partículas sólidas. Quienes hemos visto como la maguera de nuestro jardín a menudo se rompe en invierno, debido a que el agua que queda dentro se congela, entenderemos mejor por qué es importante que al acabar la práctica continuemos respirando y moviendo la musculatura perineal para hacer que toda la energía (los vapores) suban.

Por último, queremos subrayar que la Sexulidad Transorgásmica, más que una técnica o un procedimiento, es un Arte. Y con esto hacemos hincapié en que sólo la práctica hace al maestro. Al principio uno siente que pierde algo de la espontaneidad natural del sexo. Todo este énfasis en el control puede hacernos perder de vista que, en la medida en que adquiramos la habilidad, el control llegará a ser tan imperceptible como manejar un auto o tocar un instrumento.

Esto mismo debe prevenirnos contra el desánimo, ya que si notamos que las cosas no fluyen, o que hay molestias físicas, será igual que cuando uno se enfrenta al desafío de aprender cualquier destreza. ¿Acaso cuando quisimos aprender violín o guitarra no nos dolieron los dedos al principio? ¿Acaso el primer día en el gimnasio no nos sentimos un desastre? En todas estas actividades al principio estábamos torpes; teníamos la tentación de echar todo por la ventana. Sin embargo son los frutos los que dan sentido a todo el esfuerzo. El único gran consejo es ser pacientes e ir de a poco. Nos han hablado de personas que pueden estar horas en este éxtasis transorgásmico. Sin embargo, puede que nosotros sólo alcancemos unos breves minutos antes de caer en el orgasmo. Esto no debe desanimarnos; antes que eso lo correcto será analizar lo ocurrido y corregir sus posibles causas. Si vamos lentamente, si al principio nos quedamos quietos y observamos nuestras sensaciones, vamos dando tiempo a que nuestro cuerpo y nuestra mente comiencen a desarrollar lo que nosotros llamamos una “conciencia transorgásmica”, que es incluso más amplia que la esfera sexual.

REFERENCIAS:

Aun Weor, S. (1991) El Matrimonio Perfecto. Bogotá: Intergráficas Ltda.

Chia, M. (1993) Cultivando la Energía Sexual Femenina. Villaviciosa de Odón: Mirach

Chia, M. (2001) Secretos Taoístas del Amor: Cultivando la Energía Sexual Masculina. Madrid: Difusor del Libro.